REPUBLICANO McCAIN, GANARIA A OBAMA E HILLARY SEGUN ENCUESTA
Un estudio de Reuters/Zogby señala que el candidato republicano aumenta su ventaja frente a sus rivales demócratas.- La economía es clave.- Clinton se desinfla para las elecciones demócratas de Pensilvania
AGENCIAS - Washington – 16/04/2008, El País
El candidato republicano, John McCain, ganaría tanto a Barack Obama como Hillary Clinton de celebrarse hoy las elecciones presidenciales estadounidenses, según el último estudio hecho público por Reuters/Zogby. McCain supera a sus rivales demócratas gracias en buena parte a la creciente preocupación de los estadounidenses por el futuro de la economía del país. Los encuestados consideran que el candidato republicano sería un mejor gestor de los asuntos económicos de ocupar el sillón presidencial de la Casa Blanca. Así, a la pregunta de quién manejaría mejor la economía, McCain saca tres puntos de ventaja a Obama frente a los cinco en los que supera a Clinton.
Con respecto a la carrera demócrata todavía abierta a la espera de decidirse un candidato, Obama pierde terreno ante Clinton, después de sus desafortunados comentarios sobre la amargura del desempleo.
El problema para el Partido Demócrata está en la ventaja cada vez más cómoda de McCain mientras Obama y Clinton luchan por hacerse con la candidatura demócrata. El senador por Illinois sigue siendo el favorito entre los hombres, jóvenes votantes y negros, mientras que a la senadora por Nueva York siguen prefiriendola los votantes más veteranos y los hispanos.
Otras sensaciones para Pensilvania
La ventaja de Clinton de cara a las primarias de Pensilvania, previstas para la próxima semana, se diluye mientras aumentan las posibilidades de triunfo del senador Barack Obama, según han revelado dos encuestas publicadas ayer. Un sondeo de opinión realizado por el diario Los Angeles Times indica que la ex primera dama sólo aventaja a Obama por cinco puntos porcentuales en Pensilvania, Estado que hasta ahora se dibujaba como uno de los últimos ases en la manga de Clinton. Esa ventaja es considerablemente menor a la que disfrutaba la ex primera dama hace tres semanas, que era alrededor del 20%.
Según la página web de Los Angeles Times, una victoria con un márgen tan exiguo no será de mucha ayuda para la senadora por Nueva York. Más aún, la encuesta determina que Obama aventaja a Clinton por un margen similar en el estado de Indiana y por 13 puntos porcentuales en Carolina del Norte. Sin embargo, el diario indicó que el panorama electoral entre los demócratas se mantiene todavía difuso porque muchos de los votantes se mantienen aún indecisos.
Los dos senadores mantendrán mañana en Filadelfia su vigésimo primer debate. Obama tiene unos 140 delegados de ventaja sobre Clinton con miras a la Convención Nacional, y muchos analistas creen que la senadora necesita una victoria contundente en Pensilvania si quiere continuar en la carrera por la candidatura de su partido.
DEMOCRATAS PREFIEREN A B. OBAMA COMO CANDIDATO
El 62 por ciento de los votantes demócratas consultados por el Washington Post y ABC News se inclina a favor de Obama, el 31 por ciento prefiere a Hillary Clinton.
AFP
Publicado: 16/04/2008 09:53
Washington. Los votantes demócratas ven a Barack Obama como el probable triunfador en la carrera hacia la Casa Blanca sobre su adversaria Hillary Clinton, revirtiendo una tendencia anterior, según una encuesta difundida este miércoles. Consultados sobre cuál aspirante demócrata tiene mayores posibilidades de ganar la candidatura por la Casa Blanca en noviembre, el 62 por ciento se inclina por Obama y 31 por ciento por Clinton, de acuerdo al sondeo efectuado por Washington Post-ABC News. En consultas anteriores, realizadas a principios de febrero, el 47 por ciento de los encuestados escogió a Clinton como probable ganadora electoral, contra el 42 por ciento que mencionó a Obama.
Obama también aventaja por diez puntos a Clinton, 51 a 41 por ciento, cuando los demócratas son interrogados sobre quién creen que será finalmente el candidato presidencial de su partido. El presunto candidato republicano John McCain ganaría a Clinton en un hipotético enfrentamiento electoral por 48 por ciento contra 45 por ciento, según el sondeo que tiene
un 3 por ciento de margen de error.
Sin embargo, Obama vence a McCain por 49 por ciento a 44 por ciento cuando los encuestados son consultados sobre por quién votarían en noviembre en caso de enfrentarse estos dos candidatos. La encuesta fue realizada a mil 197 personas entre el 10 y el 13 de abril, justo cuando se iniciaba la polémica tras declaraciones de Obama en California donde dijo que los votantes en Pensilvania “abrazaban” las armas y la religión debido a que se encuentran económicamente frustrados.
Pensilvania tendrá sus elecciones primarias el 22 de abril, y otros sondeos muestran que Clinton mantiene una ventaja sobre Obama en este estado clave de clase trabajadora, pese a que las distancias entre ambos se acortaron en las últimas semanas.
¿Cambiará un demócrata la política de EE.UU.?, N. Chomsky
Invitamos a leer este artículo de N. Chomsky, que sin duda ayuda a desmistificar roles eventuales de los candidatos demócratas en la carrera presidencial norteamericana, y a adoptar expectativas más realistas al respecto, especialmente en lo referente a la política de EEUU hacia el Medio Oriente. En esta misma línea publicamos hace unas semanas en este Blog un breve comentario sobre el tema, que alude también la posición de los candidatos demócratas hacia América Latina. E.A.
Por Noam Chomsky*, La Nación.cl
Hillary Clinton y Barack Obama han realizado una campaña en base a plataformas de “esperanza” y “cambio”, pero esa retórica no parece apuntar a un cambio de importancia en la política exterior de Washington. Este artículo, adaptado de un diálogo entre el autor y Gilbert Achcar, entrega algunas claves de ello.
Hace poco, cuando el vicepresidente Dick Cheney fue consultado por la corresponsal de ABC News Martha Raddatz acerca de encuestas que demostraban que una abrumadora mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos se oponían a la guerra en Irak, éste respondió: “¿Y qué?”.
Raddatz insistió: “¿No le preocupa lo que piensa el pueblo de Estados Unidos?”.
“No”, respondió Cheney. “No puede cambiarse el curso de una política debido a las fluctuaciones en las encuestas de opinión pública”, explicó.
Después, la vocera de la Casa Blanca Dana Perino recordó que el pueblo de Estados Unidos decide el curso de su política “cada cuatro años. Y esa es la manera en que se ha establecido en nuestro sistema”.
Eso es correcto. Cada cuatro años, Estados Unidos puede elegir entre candidatos cuyos puntos de vista rechaza, y luego debe callarse la boca. Pero como el pueblo no entiende bien esa teoría de la democracia, suele expresar su desacuerdo con vigor.
“Un 81% de los entrevistados dicen que cuando adopta una ‘decisión importante’, los líderes deben prestar atención a las encuestas de opinión pública”, señala el Programa de Actitudes Políticas Internacionales (PIPA, por sus siglas en inglés), con sede en Washington.
Y cuando se les preguntó “si creen que ‘las elecciones son el único momento en que los puntos de vista del pueblo deben tener algún tipo de influencia’, un extraordinario 94% dijo que los líderes del Gobierno deben prestar atención a los puntos de vista del pueblo entre una y otra elección”.
La misma encuesta reveló que el público tiene escasas ilusiones acerca de cuánto valen sus deseos. Un 80% dijo que “este país está controlado por escasos intereses de gran magnitud que sólo se preocupan por sí mismos”, y no “por el bienestar del pueblo”.
Con su desprecio sin límites por la opinión pública, el Gobierno de George W. Bush ha estado en el extremo aventurero y radical nacionalista del espectro político. Es posible que un candidato demócrata vire más hacia el centro. Sin embargo, el espectro es angosto.
Las declaraciones y registros de Hillary Clinton y Barack Obama hacen difícil esperar cambios significativos en la política hacia el Medio Oriente.
¿RETIRADA? NI HABLAR
Ninguno de los candidatos demócratas ha expresado una objeción de principio a la invasión de Irak, como ocurrió cuando los rusos invadieron Afganistán, o cuando Saddam Husein invadió Kuwait. Una condena en el sentido de que la agresión es un crimen, “el crimen supremo a nivel internacional”, como lo determinó el Tribunal de Nuremberg.
A lo más criticaron “un error garrafal a nivel estratégico” (Obama), o la participación en “otra guerra civil, una guerra que no se puede ganar” (Clinton).
Se critica la guerra en Irak en base al costo y al fracaso, una posición considerada pragmática, sobria, moderada. Lo que se dice habitualmente cuando se trata de crímenes cometidos por Occidente.
Las intenciones del Gobierno de Bush y posiblemente del senador John McCain fueron subrayadas en una declaración de principios divulgada por la Casa Blanca en noviembre de 2007.
Se trata de un acuerdo entre Bush y el Primer Ministro iraquí, Nuri Al Maliki, que permite a las fuerzas de EEUU continuar allí de manera indefinida “para frenar la agresión extranjera” y por razones de seguridad interna. Aunque no sea, por cierto, la seguridad interna de un Gobierno que rechace la dominación de Estados Unidos.
La declaración también exige a Irak facilitar y alentar “el flujo de inversiones extranjeras, especialmente norteamericanas”. Una expresión inusitadamente descarada de voluntad imperial.
En resumidas cuentas, Irak continuará siendo un Estado cliente, aceptará instalaciones militares permanentes de EEUU y asegurará a los inversionistas acceso a sus grandes recursos petroleros. Una declaración razonablemente clara de los objetivos de la invasión, que eran evidentes para todos aquellos no cegados por la doctrina oficial.
¿Cuáles son las alternativas? Fueron expuestas en marzo de 2007, cuando la Cámara de Representantes y el Senado aprobaron propuestas de los demócratas estableciendo fechas de retirada. El general retirado Kevin Ryan, profesor de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, analizó las propuestas en el diario “The Boston Globe”.
Éstas permiten al Presidente anular las restricciones en nombre de la “seguridad nacional”, lo que, según Ryan, deja la puerta muy abierta, pues se permite a los soldados quedarse en Irak “en tanto y en cuanto realicen tres misiones específicas: proteger las instalaciones de Estados Unidos, sus ciudadanos o fuerzas; combatir terroristas de Al Qaeda o internacionales, y adiestrar a fuerzas de seguridad iraquíes”.
Entre dichas instalaciones figuran las grandes bases militares norteamericanas y la Embajada de Estados Unidos, una ciudad dentro de una ciudad, que no se parece a ninguna otra sede diplomática en el mundo.
“Las propuestas consisten en dar una nueva misión a nuestras tropas. Tal vez se trate de una buena estrategia, pero esto no es una retirada”, dice Ryan. Y es difícil ver mucha diferencia entre las propuestas hechas por los demócratas aquel 7 de marzo y las ideas de Obama o de Clinton.
OBJETIVO IRÁN
En relación a Irán, Obama es considerado más moderado que Clinton, y su lema principal es “cambio”. Por lo tanto, nos concentraremos en sus planes. El senador pide una mayor disposición a negociar con Irán, pero dentro de las restricciones habituales.
Dice que podrían “ofrecerse incentivos económicos y una posible promesa de no buscar ‘cambio de régimen’ si Irán cesa de entrometerse en Irak y coopera en tópicos de terrorismo y en asuntos nucleares”, y si cesa de “actuar de manera irresponsable” al respaldar a grupos militantes chiitas en Irak.
Algunas obvias cuestiones vienen a la mente. ¿Cómo reaccionaríamos nosotros si el Presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, prometiera “no buscar cambio de régimen” en Israel a cambio de que ese Estado cesara sus actividades ilegales en los territorios ocupados a los palestinos?
El enfoque moderado de Obama se acomoda a la opinión pública. Como los otros candidatos viables, Obama ha insistido que EEUU debe amenazar con atacar a Irán. La frase estándar es “debemos mantener todas las opciones abiertas”. Eso, por cierto, es una violación de la carta de las Naciones Unidas, por si a alguien le preocupa saberlo. Pero una gran mayoría de estadounidenses ha expresado su desacuerdo.
Un 75% está en favor de mejores relaciones con Irán, y apenas un 22% propicia “amenazas implícitas”, de acuerdo al PIPA. Por lo tanto, todos los precandidatos presidenciales se oponen a unas tres cuartas partes de la opinión pública en este asunto.
La opinión de norteamericanos e iraníes sobre la política nuclear ha sido estudiada con cuidado. En ambos países, una gran mayoría señala que Irán tiene el mismo derecho de cualquier otro firmante del Tratado de No Proliferación: desarrollar energía atómica, pero no armas nucleares.
Una mayoría similar está a favor de establecer una “zona libre de armas nucleares en el Medio Oriente que incluiría a los países islámicos e Israel”. Y más de un 80% de los norteamericanos entrevistados respaldan la eliminación total de las armas atómicas, algo que rechaza el Gobierno de Bush.
Seguramente los iraníes están de acuerdo con los norteamericanos que Washington debe poner fin a sus amenazas militares e iniciar relaciones diplomáticas normales.
En un foro en Washington, luego que fueron divulgadas las encuestas del PIPA, Joseph Cirincione, vicepresidente para Seguridad Nacional y Política Internacional del Centro por el Progreso de Estados Unidos (y asesor de Obama), dijo que las encuestas demostraban “el sentido común de los pueblos de Estados Unidos y de Irán, que es capaz de situarse por encima de la retórica de sus líderes y encontrar soluciones de sentido común para algunas de las cuestiones más cruciales” para ambas naciones.
Aunque carecemos de registros internos, existen razones para suponer que el Pentágono se opone a un ataque contra Irán. La reciente renuncia del almirante William Fallon como jefe del Comando Central responsable de las tropas en el Medio Oriente , fue interpretada como señal de su oposición a un ataque, y es posible que ello sea compartido por el comando militar en su conjunto. Y la Estimación de Inteligencia Nacional de diciembre de 2007, informando que Irán frenó su programa de armas nucleares en 2003, tal vez refleje la oposición de la comunidad de inteligencia a la acción militar.
Hay muchas incertidumbres. Pero es difícil ver señales concretas de que un Presidente demócrata pueda mejorar la situación, o que su política refleje la opinión pública de los estadounidenses o del resto del mundo.
ISRAEL-PALESTINA
Tampoco en la cuestión entre Israel y Palestina los candidatos han ofrecido esperanzas de algún cambio constructivo.
En su portal en internet, Obama señala que “respalda con vigor la relación de Estados Unidos con Israel” y cree que “nuestro primer e innegable compromiso debe ser con la seguridad de Israel, el aliado más vigoroso de Estados Unidos en Medio Oriente”.
Resulta claro que son los palestinos quienes enfrentan el problema de seguridad más grave. De hecho, un problema de supervivencia. Pero los palestinos no son un “vigoroso aliado” de EEUU.
Y, en la mejor de las circunstancias, serían un aliado muy débil, por lo que sus aflicciones merecen escasa preocupación, según el principio operativo de que los derechos humanos son en buena parte decididos por contribuciones al poder, a las ganancias y a las necesidades ideológicas.
Obama se presenta como un súper halcón con respecto a Israel. “Él cree que el derecho de Israel a existir como un Estado judío jamás debe ser puesto en entredicho”, dice su programa. Pero en ningún momento ha dicho que el derecho de los países a existir como Estados musulmanes (o cristianos, o blancos) “jamás debe ser puesto en entredicho”.
Obama pide un aumento de la ayuda exterior “para asegurar que se satisfagan las prioridades de financiamiento” a Israel. E insiste en que Estados Unidos no debe “reconocer a Hamas a menos que renuncie a su misión fundamental de eliminar a Israel”.
Ningún Estado puede reconocer a Hamas, que es un partido político. Tal vez se refiera al Gobierno que formó Hamas luego de elecciones libres, cuyos resultados no fueron los esperados, y por lo tanto resultan ilegítimos, siguiendo el criterio de “democracia” que prevalece en la elite.
También se considera irrelevante que Hamas haya pedido en numerosas ocasiones un acuerdo de dos Estados, acatando el consenso internacional, algo rechazado por Estados Unidos e Israel.
El candidato tampoco ignora a los palestinos. “Obama cree que una mejor vida para las familias palestinas es buena tanto para los israelíes como para los palestinos”. Y añade una alusión a dos Estados viviendo lado a lado de manera pacífica; una alusión lo bastante vaga para que los halcones de Estados Unidos e Israel la acepten sin problemas.
En cuanto a los palestinos, tienen ahora dos opciones. Una es que Estados Unidos e Israel acepten el consenso internacional de dos Estados, de acuerdo a la ley internacional.
Una segunda posibilidad es una que ya están implementando: consignar a los palestinos a su prisión en Gaza y a sus cantones en la Cisjordania, separados por asentamientos judíos y grandes proyectos de infraestructura, mientras Israel se apodera del valle del río Jordán.
Pero las circunstancias podrían cambiar, y quizá los candidatos junto con ellas, para beneficio de Estados Unidos y de la región. La opinión pública no puede quedar para siempre marginada e ignorada.
Tal vez el poder económico interno que en buena parte modela la política reconozca que sus intereses son mejor servidos si se acata la opinión del público, y del resto del mundo, en lugar de seguir aceptando la línea dura de Washington.
*The New York Times Syndicate
Triunfará el candidato Republicano?, N. Chomsky
Entrevista con Noam Chomsky
“El Partido Republicano tiene una máquina de difamación altamente eficiente que pondrá a trabajar cuando sea elegido el candidato demócrata”
Angélica Lagos Camargo y Juan Camilo Maldonado
El Espectador
Noam Chomsky es uno de los analistas más críticos de la política estadounidense. Autor de varios libros sobre las políticas de Estados Unidos en el mundo, este profesor norteamericano se califica como “un defensor de las causas perdidas”. Desde su oficina del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el profesor emérito habló con El Espectador y explicó por qué John McCain será el próximo presidente de EU, las razones por las que no se puede llevar a cabo el acuerdo humanitario en Colombia y el temor que despiertan en Washington los cambios que se están dando en América Latina.
El próximo mes de noviembre, George W. Bush deja la presidencia. ¿Cuál cree usted que será su legado?
Su legado será el de haber destruido cada cosa que toca. En los temas internacionales creó una increíble catástrofe en Irak y dañó la imagen de Estados Unidos en el mundo. Además, sus políticas domésticas, las más dañinas desde la Segunda Guerra Mundial, nos han llevado a un descalabro económico de enormes proporciones.
¿Es Bush, como dicen muchos analistas, el peor presidente en la historia de los Estados Unidos?
Sí, yo pensaría eso.
¿Cuál fue su peor acción?
Irak, sin duda. El país es la peor tragedia de este siglo. La invasión destrozó el país, es una catástrofe. Su estrategia, que tanto defiende, es crear una serie de “señores de la guerra” que controlan pequeños territorios pero que en el futuro terminarán en guerra los unos con los otros. Bush es un total desastre que ha conducido a un enorme incremento del terrorismo.
¿Cuándo cree que se acabe este desangre en Irak?
Pienso como John McCain, próximo presidente de Estados Unidos, quien asegura que esto tomará cien años. Los candidatos demócratas hablan de retirar tropas pero con muchas calificaciones y reservas. Además, si miramos lo que están haciendo el Gobierno y el Congreso el fin no estaría tan cerca: se están construyendo enormes bases en Irak, tal vez las más grandes del mundo, y eso no lo hacen para desmantelarlo después.
¿Pero para qué permanecer en Irak si la guerra se está perdiendo?
Irak no habría sido invadida si no fuera un gran premio, y eso es lo que es, ya que tiene las segundas reservas más grandes de petróleo en el mundo. Está en la mitad de los principales países productores de petróleo en el mundo. George Bush ha sido muy claro en afirmar que no habrá limitaciones a las acciones militares norteamericanas en Irak, mientras que sostiene que la economía iraquí debe estar abierta a la inversión extranjera, privilegiando las inversiones norteamericanas. Ha sido muy franco. Vamos a ver qué hace su sucesor.
A propósito de las elecciones, ¿a quién le teme más el electorado: a un negro o a una mujer en la Casa Blanca?
¿Qué tal un oficial militar, que es la tercera opción? Es muy difícil de decir. Mi especulación es que McCain probablemente ganará. La razón es que el Partido Republicano tiene una máquina de difamación altamente eficiente y muy profesional, que todavía no ha puesto a trabajar. Pero apenas uno de los dos candidatos sea elegido, pondrá en marcha estas estrategias, que serán muy efectivas.
¿Eso fue lo que pasó en las últimas elecciones, cuando todos apostaban a que Bush sería derrotado?
Sí. En las elecciones de 2004 había dos candidatos. Bush, que había evitado el servicio militar en Vietnam, y Kerry, que sí estuvo en el ejército, luchó en las zonas más peligrosas y ganó medallas de honor por valentía. ¿Cómo terminó la historia? Una vez los republicanos pusieron en marcha su maquinaria de difamación, Kerry fue retratado como el candidato menos patriótico y Bush fue retratado como un héroe militar.
¿Y dónde queda el fenómeno Obama? Muchos le apuestan a él como el próximo Presidente.
Cuando el Partido Republicano realice sus enormes operaciones de difamación, basadas en mentiras, veremos qué tan efectivo es.
¿Cómo funcionaría esto con Hillary Clinton?
Bueno, hay toda una maquinaria de odio hacia Clinton que ya está funcionando. Se habla de muchos crímenes durante la administración Clinton. Ella está en los rankings de las personas menos queridas en el país, como resultado de 10 años de villanización y mentiras. Es una maquinaria muy eficiente.
¿Cómo evalúa usted la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica?
R. Bueno, si mira las encuestas en la región, el disgusto frente a los Estados Unidos y sus políticas se ha incrementado notablemente durante los años de Bush. Tanto su administración, como los líderes políticos de ambos partidos, están profundamente preocupados por lo que se está desarrollando en Latinoamérica. Colombia es una excepción.
¿En qué falla esencialmente la estrategia estadounidense en América Latina?
EEUU dio por sentado durante mucho tiempo que dominaría y controlaría Latinoamérica: sus recursos, la inversión, sus gobiernos, entre otras. De hecho, un principio clave de la política de EU es que si “no se puede controlar Latinoamérica, ¿cómo se controlará el resto del mundo?”. Pues bueno, Latinoamérica está fuera de control, por primera vez. Hay una tendencia hacia la integración de Latinoamérica: Banco de Sur, las reuniones de Cochabamba, donde los líderes de Latinoamérica discutieron una unión del tipo de la Unión Europea, y el Mercosur, entre otros. Estas jugadas son nuevas en la historia del continente.
¿Hacia dónde va Latinoamérica con todos estos cambios?
Por primera vez, la mayoría del continente está empezando a tomar cartas en sus graves problemas internos y estos desarrollos son muy preocupantes para Estados Unidos. En el pasado habían sido capaces de contenerlos con dos métodos: el primero era la violencia, y el otro, la estrangulación económica. Colombia es un buen ejemplo de la violencia: en 1962 Kennedy envió a Colombia una misión de fuerzas especiales para aconsejar a las Fuerzas Militares colombianas, y el consejo era que había que controlar a la población a través del terror paramilitar. Bueno, pues eso cambió la naturaleza de los militares colombianos. Y aunque Colombia ya era una sociedad violenta, no tengo qué explicar qué pasó desde entonces. El consejo fue tomado, con consecuencias horripilantes. Pero ya no es tan fácil utilizar la violencia para derrocar gobiernos e instalar dictaduras. La última vez que lo intentaron fue en Venezuela en 2002, pero no funcionó, en parte por la fuerte oposición efectuada en Latinoamérica.
Se ha especulado sobre la participación de Estados Unidos en el operativo que dio de baja a “Raúl Reyes”. ¿Hay evidencias que confirmen esta hipótesis?
Se refiere al asesinato de Reyes… No tenemos evidencias, pero es una sospecha muy razonable. Recuerde cuándo y quién fue asesinado. Ellos mataron a una persona que era central en las negociaciones del intercambio de rehenes y quien era el más involucrado en una potencial negociación.
No se necesita un genio para entender qué significa eso: Colombia y Estados Unidos no quieren permitir el intercambio de rehenes, y no quieren la diplomacia y la negociación. El momento en que se da también es interesante, ya que el operativo se realiza inmediatamente antes de que se realizara una protesta contra el terror paramilitar en Colombia. Es difícil evitar conjeturar conclusiones partiendo de estos hechos.
¿Ve alguna posibilidad de que Íngrid Betancourt o los tres norteamericanos sean liberados?
Hay posibilidades, pero la muerte de Reyes las reduce significativamente. Presumo que fue planeada con este propósito, dado que las consecuencias son obvias. La persona a la que mataron era central para las negociaciones.
¿Por qué ha sido tan pasivo George Bush a la hora de buscar una salida negociada para liberar a los tres norteamericanos?
No ha sido pasivo. Ha sido activo en la medida en que se ha opuesto a ello. Su administración, como sus predecesores, han brindado una cantidad enorme de ayuda militar a Colombia, la segunda más grande en el mundo. Las negociaciones son vergonzosas para los Estados Unidos. A ellos les gustaría ver una solución militar, antes que una solución diplomática.
¿Cómo evalúa usted el papel de Chávez en las negociaciones?
Él estaba en el centro de la negociación. Hay mucho que se le podría criticar en términos de su estilo, pero el hecho es que estaba ocupando indudablemente el rol de iniciar las negociaciones. Tiene plenos contactos con las Farc y relaciones con Colombia, así que es el mediador más obvio. La gente puede controvertir frente a la manera en la que él llevó a cabo el proceso, pero su papel es incontrovertible.
Precisamente por su estilo, ¿no se convierte Chávez en un peligro regional?
Por supuesto que Venezuela es una amenaza, pero es una amenaza al modelo de desarrollo y, debido a sus jugadas, apuesta hacia la integración de la región. Brasil no considera a Venezuela una amenaza, de hecho tienen muy buenas relaciones.
Colombia, por el contrario, no tiene muy buenas relaciones con los vecinos. ¿No tiene que ver la relación especial con Estados Unidos?
Sí, pero sumado con sus propios problemas internos. No tengo que decirle que la historia violenta de Colombia se remonta cien años atrás.
¿Cómo evalúa usted la política exterior de Álvaro Uribe?
¿Política exterior?
Sí.
R. ¿En Colombia?
Sí.
La política exterior colombiana es, en su mayoría, dependiente del poder norteamericano.
¿Qué puede esperar A. Latina de Obama o Hillary?, E. Aquevedo
La actualidad ha sido particularmente agitada y compleja en este último mes, después de la vergonzosa secesión de Kosovo . Sobre las primarias en USA, en particular, digamos de partida que no nos entusiasma ninguna de las alternativas en juego.
El candidato republicano, McCain, si bien parece algo menos extremista que Bush, en definitiva es “más de lo mismo” y mantendrá en grueso la misma línea de la actual administración en caso de ser electo, lo que a priori no es descartable como lo destaca bien N. Chomsky. Los “espejismos” posibles pueden venir del campo demócrata. El punto central es que si bien pueden haber diferencias sensibles en política interna entre los candidatos republicanos y demócratas, en política externa las diferencias han sido y son secundarias.
No debería olvidarse que connotados demócratas como Kennedy y Johnson guerrearon brutalmente contra Vietnam, que Clinton bombardeó y desmanteló la antigua Yugoslavia, y sus respectivas políticas hacia América Latina (“patio trasero”) o hacia Africa han sido, por igual, o bien despectivas o simplemente neocoloniales. Ambas fuerzas, republicanos y demócratas, han despreciado sistemáticamente las políticas multilaterales, han pasado por encima de las Naciones Unidas reiteradamente y practicado, sin grandes diferencias, políticas hegemonistas y guerreristas, en beneficio de los intereses estratégicos de los grandes conglomerados económicos transnacionales que al final representan. Una excepción relativa a la regla ha sido Carter, que promovió iniciativas de paz en el Medio Oriente y en América Latina, aunque, digamoslo, sin resultados espectaculares.
En ese contexto, al que habría que agregar una situación internacional aún mas compleja y difícil que en periodos anteriores, no podemos sino ser escépticos tanto con Obama como con Hillary, en política exterior en especial. Sus diferencias por lo demás no son muy visibles en este plano, al punto de que ambos han evadido con igual empeño el tema de Irak, abordándolo solo lateralmente. Para nada ha sido hasta hoy un tema importante de la campaña y del debate nacional, como muchos esperaban, precisamente porque ellos lo han eludido.
Sobre el Medio Oriente y Palestina en particular, si bien Obama parece más audaz que Hillary en la búsqueda de una solución justa y negociada, ninguno de los dos parece tener la visión y la decisión que mostró Carter en su momento, lo que le valió junto a Arafat el Nobel de la Paz, en un cuadro internacional en todo caso relativamente más favorable que el actual. Respecto al tema de los Balcanes y la independencia ilegal de Kosovo, no tienen diferencias con Bush.
Y sobre América Latina, tampoco hay novedades significativas, aparte de una loable intención sostenida por Obama de dialogar sin exclusiones. Este aspecto, en todo caso, no deja de ser llamativo y positivo, al menos en la intención. El Plan Colombia no es cuestionado por ellos y seguramente continuara ejecutándose, así como seguirá vigente la beligerancia de la administración norteamericana con políticas de real independencia nacional promovidas con desigual inteligencia por gobiernos y movimientos latinoamericanos. En síntesis, escepticismo y cautela, pero nada de entusiasmo.
El reciente conflicto entre Colombia, Ecuador y Venezuela, que de algún modo comprometió al resto del continente, mostró con suficiente fuerza que el interés estratégico de USA continúa siendo controlar su “patio trasero” e impedir que éste conquiste por fin la autonomía y usufructo de sus importantes riquezas naturales, especialmente de petróleo y gaz. Porque ese fue el trasfondo del conflicto mencionado, donde Colombia aparece como el principal peón del “juego” norteamericana en la región. En esa coyuntura, ni Obama ni Hillary Clinton dijeron nada diferente a la política de Bush.
Sobre ambos temas, elecciones norteamericanas y conflictos latinoamericanos en curso, hemos publicado numerosos textos en este Blog, y lo seguiremos haciendo.
Obama acaricia la victoria
Los acontecimientos de las dos últimas semanas precipitan la caída de Clinton, que sólo puede vencer a su rival tras una monumental sorpresa.
ANTONIO CAÑO - Washington – 27/03/2008. El País.
Recién vuelto a la actividad después de unos días de descanso en el Caribe, Barack Obama se apresta a recoger el premio de su candidatura presidencial con la serenidad de quien se sabe ya el elegido. Hillary Clinton ha prometido seguir luchando, y a buen seguro lo hará, hasta el último día. Pero tras lo ocurrido en las dos últimas semanas y con el calendario electoral aún pendiente, sólo una monumental sorpresa o una monumental maniobra política pueden todavía darle la victoria.
Lo ocurrido en las últimas semanas, superadas algunas dudas iniciales, embellece la candidatura de Obama y mancilla la de Clinton. Empezando por el episodio del pastor Jeremiah Wright, un predicador extremista como tantos otros que gobiernan las iglesias negras. Antes o después, Obama tenía que afrontar la realidad de su larga y estrecha vinculación espiritual con el reverendo Wright y responder por la enorme contradicción que representa el hecho de que un político partidario de la armonía racial rezara junto a un propagador del odio.
Son cosas de Iglesia no fáciles de entender. Pero lo cierto es que Obama, que había tratado de evitar hablar de racismo durante toda la campaña para que nadie se fijara más de la cuenta en el color de su piel, se vio a la defensiva y obligado a pronunciarse. Cogió el guante, se subió al estrado y no sólo habló de racismo sino que pronunció el discurso más importante desde su célebre intervención en la Convención demócrata de 2004, un discurso que la mayoría de los analistas han considerado una piedra angular sobre la que este país debe retomar el debate nacional sobre ese conflicto callado pero nunca resuelto.
De un plumazo, Obama desactivó, quizá para siempre, el affaire Wright, y, contra los ataques de la campaña de Clinton, reafirmó su papel presidencial con sus argumentos más fuertes, los del unificador, el conciliador, el iluminador, el hombre del futuro.
Mientras Obama hablaba, sus abogados conseguían otra victoria menos poética pero no menos importante, la de impedir nuevas elecciones en Florida y Michigan, cuyos delegados no serán aceptados en la Convención por haber sido elegidos violando las reglas del partido. Es posible que este asunto no esté aún completamente cerrado, pero el riesgo más importante para Obama, la repetición de las votaciones, ha sido ya eliminado.
Una victoria de similares proporciones es el respaldo hecho público por Bill Richardson, sobre todo por lo que representa que alguien tan unido a los Clinton -fue una de las figuras de la Administración de Bill Clinton- y tan preocupado por su futuro político abandone a la primera familia del partido para unirse a un novato.
Con esos éxitos en la maleta, Obama se fue a la playa. Hillary Clinton se quedó sola y, desprovista de sparring, se peleó contra su propia ansiedad. Atendió a la presión de los medios de comunicación para que hiciera públicos los documentos sobre su periodo como primera dama y se comprobó que su pretendida experiencia en asuntos de seguridad y política exterior no se ve reflejada en una agenda tan trivial como la función que ella desempeñaba en la Casa Blanca.
Insistió en maquillar su historial con un relato novelesco sobre una visita a Bosnia bajo el fuego de los francotiradores. Pero tardaron muy poco las cadenas de televisión en ofrecer las imágenes que probaban que, en realidad, todo fue muy tranquilo en aquel viaje, incluida una ceremonia de recepción en la que ella y su hija Chelsea fueron agasajadas con los tradicionales ramos de flores y poesías infantiles.
“Fue un error, soy humana, aunque algunos no lo crean”, acabó admitiendo. Un error es equivocar la fecha de su visita a Bosnia. Pero cuesta aceptar que, por error, uno recuerde haber estado en peligro de muerte.
En medio de toda esta polémica, Obama dejó en el camino otro obstáculo difícil de saltar para Clinton. El senador de Illinois ha hecho públicas sus declaraciones de Hacienda, que no contienen más pimienta que la cifra cercana al millón y medio de dólares que obtuvo por sus dos libros autobiográficos. Clinton, que aportó a su campaña cinco millones de dólares de su propio bolsillo, se ha negado hasta ahora a repetir el gesto de su contrincante.
Con todo, la peor noticia para Clinton es el ciclo electoral pendiente. Quedan 10 elecciones. Ella es favorita en Pensilvania, Kentucky, Virginia Occidental y Puerto Rico. Obama puede ganar en cinco de los restantes y queda sin pronóstico Indiana. Matemáticamente, es casi imposible que, con este panorama, Clinton pueda superar la ventaja de unos 150 delegados que actualmente tiene Obama. Sólo destruyendo a Obama sería posible.
Y si Obama lograse la Presidencia? I. W.
Y SI OBAMA LOGRASE LA PRESIDENCIA? ¿QUE PUEDE EL CAMBIAR?
Immanuel Wallerstein, ex Presidente de la Asociación Mundial de Sociología (ISA).
Parece ahora bastante probable, aunque no sea seguro aún, que Barack Obama será el candidato demócrata a la presidencia. Y parece muy probable que podría ganarle la competencia a John McCain. También parece casi seguro que crecerán las mayorías demócratas en el Senado y la Cámara de Representantes. Entonces, parece que Obama podría asumir el cargo con un mandato relativamente fuerte de parte de los votantes. Si uno se pregunta cómo es que Obama fue capaz de lograr esto, cuando entró a la carrera apenas hace seis meses como joven y poco probable vencedor, la respuesta parece clara. Obama enfatiza el asunto del “cambio” y este punto parece haberle resonado a los votantes, incluidos muchos que no habían votado antes.
Por supuesto, cambio es un término ambiguo y su significado varía según quienes lo pregonen. Pero parece ser que el asunto del “cambio” responde a un alto grado de incomodidad en Estados Unidos en el contexto de la actual situación general del país en el mundo. Las dos zonas de máxima incomodidad son la guerra de Irak y el estado de la economía. Lo que la mayoría de los votantes parece estar diciendo es que piensa que la guerra en Irak es un pantano, y que fue un error haber invadido ese país. En cuanto a la economía, los votantes parecen decir que su nivel actual de vida ha ido bajando y que tienen mucho miedo de que continúe cayendo todavía más. Así que, básicamente, rechazan las principales líneas de argumentación del régimen de Bush, y en gran medida lo culpan por sus incomodidades. Es menos claro cuáles son los cambios específicos que los votantes quieren, pero algo desean.
Obama tiene un segundo atractivo más allá de acometer el asunto del cambio. Es una cuestión de estilo. Él afirma que está deseoso de hablar con todo mundo. A nivel internacional con las supuestas fuerzas no amistosas y con los supuestos aliados, y a nivel interno con personas de todas las facciones políticas. Esto contrasta con la repetida insistencia de Bush de que hay todo tipo de grupos con los que Estados Unidos no debería “negociar” jamás.
Hay una segunda clase de atractivo estilístico de Obama. Él dice, una y otra vez, “¡Sí, nosotros podemos!” Éste es un punto que retomó de César Chávez, el legendario líder hispano de los trabajadores agrícolas, cuyo lema era “¡Sí, se puede!” Este punto atrae particularmente a todos aquellos que se han sentido marginados en el sistema político estadunidense, y que encuentran que este punto los empodera.
Así, ahora que Obama parece cerca de convertirse en presidente, ha comenzado una considerable discusión en la prensa, en el Internet, y en el debate público, en torno al tipo de cambios que intenta emprender, de hecho, Obama. Ésa, me parece, es la pregunta equivocada. La real cuestión es qué tipo de cambios puede hacer, cuestión totalmente diferente.
El historial de Obama es el de un demócrata liberal que se opone a la guerra de Irak y cuyo modo de actuar ha sido siempre de centro-izquierda, algunas veces con fuerza y otras con mucha prudencia. Es seguro que intenta conferirle un estilo diferente a la Casa Blanca. Lo que es bastante menos claro es qué tan radicalmente diferentes serán las políticas que intenta implantar. Pero aun suponiendo que fuera más radical políticamente de lo que parece a simple vista, la cuestión continúa siendo ¿qué puede hacer?
Sin duda, los presidentes de Estados Unidos pueden afectar las políticas de modos importantes –George W. Bush lo ha demostrado– pero también quedan prisioneros de su propio cargo. Es por eso importante revisar cuáles son las opciones en política exterior, en política económica, y en aquel ámbito más suelto que podríamos llamar política cultural.
En política exterior, el asunto más inmediato y avasallador es Medio Oriente –no sólo vis-à-vis Irak, sino también vis-à-vis Afganistán, Irán, Paquistán e Israel/Palestina. Bush ha trabajado muy duro para atarle las manos a su sucesor. Pero cometió el error de pensar que la política estadunidense en Medio Oriente está primordialmente en manos del gobierno estadunidense. Yo ya no pienso que ése sea el caso. Hay un torbellino de fuerzas en esta región que están más allá del limitado poder del gobierno de Estados Unidos, como para poder canalizar su dirección. En Irak, lenta, pero seguramente, acumula vapor el nacionalismo antiestadunidense. En Afganistán, los talibanes regresan subrepticiamente al poder de facto y como subproducto amenazan perturbar el funcionamiento de la OTAN como fuerza internacional. En Pakistán, parece que Estados Unidos quedará reducido a rezar en silencio para que su amigo Pervez Musharraf, cada día menos popular, pueda capear el temporal. Los iraníes han decidido que simplemente pueden desafiar a Estados Unidos sin incurrir en ningún peligro real. Y tanto Israel como la Autoridad Nacional Palestina se hallan en terrenos mucho más inestables que nunca, interna e internacionalmente. En gran medida, Condoleezza Rice es ignorada por todos. ¿Tratarán diferente al secretario de Estado de Obama?
Si el torbellino deshace las políticas estadunidenses en la región y si incluso las fuerzas estadunidenses se retiran de Irak, ¿será la consecuencia que Europa occidental, Rusia, China y América Latina se acerquen, de hecho a Estados Unidos, aun cuando aprecien el estilo más amigable e inteligente de Obama? Las tendencias geopolíticas subyacentes están en contra de Estados Unidos. Obama puede hacerlo mejor que Bush, pero ¿qué tanto mejor?
La historia no es muy diferente si miramos el estado de la economía estadunidense. Sin duda, una administración demócrata tendrá políticas diferentes en cuanto a impuestos, atención a la salud y medioambiente. Y probablemente 80 por ciento de la población más pobre la pasará mejor. Pero los empleos en el ámbito de la manufactura no regresarán, aun cuando Estados Unidos hundiera sus propios pactos neoliberales de comercio. En este ámbito, hay también un torbellino, uno tal vez aún más poderoso que el torbellino político de Medio Oriente, y Estados Unidos no controla su despliegue.
Esto deja un ámbito donde Obama puede contar con cierto margen, ése que llamo sueltamente el ámbito cultural. Su campaña ha movilizado una fuerza popular que cobra fuerza y autonomía. Es ésa donde la gente dice: “sí, nosotros podemos”. Obama pudo haber sido de ayuda para encender esa fuerza, pero es una fuerza que cobra impulso propio y que tendrá mucho impacto en lo que haga como presidente. En un sentido amplio, es una fuerza que lo empuja, como presidente, hacia la izquierda, directamente y a través de los miembros del Congreso. Es muy difícil decir con exactitud adónde empujará esta fuerza a Obama. Pero su impacto puede resultar comparable a aquel que tuvo la llamada derecha religiosa en las políticas del Partido Republicano en los últimos 30 años.
Martin Luther King Jr. dijo: “Tengo un sueño”. El sueño de un Estados Unidos diferente con prioridades diferentes y convenciones más igualitarias. Si este próximo periodo conduce aunque sea a la realización parcial de un sueño así, tendrá, por supuesto, un impacto de largo plazo en el papel que juega Estados Unidos, y en el que desea jugar, en el sistema-mundo. Tendrá un impacto de largo plazo sobre el tipo de estructuras económicas que Estados Unidos mantiene para sí mismo y que el mundo mantiene para sí mismo. El cambio es de hecho posible, y es potencialmente un cambio positivo. Todo depende mucho menos de Obama que del resto de nosotros. Pero Obama, podría, únicamente podría, darnos el espacio para que el “nosotros” de “sí, nosotros podemos”, lo empujara a él y a Estados Unidos.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
«Les Français sont impatients qu’une autre politique soit mise en oeuvre»
Par Hervé Le Bras, démographe a l’EHESS et a l’INED, spécialiste de la carte électorale francaise.
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