CORREA REITERA INTROMISION DE LA CIA EN ECUADOR
Quito, 12 abr (PL) El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, ratificó hoy que acabará con las infiltraciones, las intromisiones y sometimientos de organismos y agencias de inteligencia foráneas. “O somos países independientes o seguirenos siendo patios traseros y colonias, (pero) yo no me voy a prestar para eso”, resaltó Correa al recalcar que Ecuador será una nación soberana. En su cadena radial de este sábado, realizada desde el Instituto Tecnológico de Monterrey, en México, explicó los cambios ejecutados en la cúpula militar y policial, por el sometimiento de los servicios de inteligencia nacionales a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Al enfatizar que hay infiltración, señaló que tras el bombardeo colombiano a una zona norte de Ecuador, la inteligencia no le entregó apenas información, pero la poca que le dio era equivocada. El mandatario advirtió que existen serias evidencias de que “a la CIA si le dieron información y a través de la CIA a Colombia y que había un intento de manipular la información para que cuando nos llegara reforcemos la posición colombiana”. Tras recalcar que acciones de este tipo no se pueden permitir, enfatizó que no claudicará en sus principios, pues eso significa perder la vida y va a edificar una patria independiente. Correa reiteró que “se acabarán estas infiltraciones, las intromisiones y sometimiento de organismos extranjeros y servicios de inteligencia foráneas”. Rememoró que se cambió ya al director de inteligencia de la Fuerza Terrestre y hay serias sospechas de que importantes oficiales de ese servicio estaban vinculados a la CIA. Por ello, ratificó la creación de una comisión de alto nivel civil y militar para que investigue los alcances de la infiltración de los organismos extranjeros. El jefe de Estado recalcó que no se cansará de decir la verdad, aunque duela, pero Ecuador tiene que ser un país soberano, pues él no se va a prestar para que la nación siga siendo colonia. PERO CRISIS Y RUIDO DE SABLES SE MANTIENE
El presidente Correa ha dicho que no va a permitir la intromisión extranjera en las Fuerzas Armadas: “si tengo que caerme por eso, me caigo”.
Pero, mientras tanto, los militares se sienten acusados injustamente por Correa y en los últimos días se habló de una asamblea de coroneles en la Escuela Militar, en Quito, y de una serie de movimientos para responder “institucionalmente” a la postura del Jefe de Estado.
Como si fuera poco el conato de ruido de sables, esta semana también se conoció un informe del Tribunal Supremo Electoral, revelado por El Comercio de Quito, según el cual la campaña del hoy Presidente manejó fondos en efectivo prohibidos por la ley y no informó de un depósito de casi medio millón de dólares. Algunos asociaron el hecho con una carta hallada en el computador de ‘Raúl Reyes’ que hablaba de aportarle a la campaña de Correa 100.000 dólares. Sin embargo, la investigación apenas comienza.
(ver http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=110906)
CIA CREA INESTABILIDAD EN ECUADOR
¿Qué pasa con las fuerzas militares en Ecuador?
MAGGY AYALA SAMANIEGO
para EL TIEMPO, QUITO
El presidente Rafael Correa cambió este miércoles a su ministro de Defensa por el que hasta ahora era su secretario privado. Es el cuarto ministro de la cartera en 15 meses de gobierno. Un muy crítico momento atraviesan las relaciones entre el gobierno del mandatario ecuatoriano y sus fuerzas militares, tras el operativo militar colombiano del primero de marzo pasado, que terminó con la muerte del segundo al mando de las Farc, ‘Raúl Reyes’, y del ecuatoriano Franklin Aisalla, que según los organismos de inteligencia de este país hacía años estaba bajo vigilancia.
Tanto, que a la destitución fulminante la semana pasada del jefe de Inteligencia del Ejército, coronel Mario Pazmiño, se sumó ahora el relevo del cargo del ministro de Defensa, Wellington Sandoval, y la renuncia del Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Héctor Camacho, y del Comandante del Ejército, general Guillermo Vásconez.
A Sandoval lo reemplazará Javier Ponce Cevallos, un reconocido escritor y columnista quiteño identificado con proyectos de desarrollo social, que oficiaba como secretario particular del Presidente y que forma parte de su estrecho círculo de confianza. Ponce es el cuarto ministro de la cartera en 15 meses de gobierno.
Al parecer, la confianza en su cúpula militar la perdió Correa el día en que constató que le fue ocultada información sobre el seguimiento que los organismos de inteligencia del Ejército y Policía realizaban a Aisalla.
El hecho fue la punta del ovillo para develar, según el mandatario, que los cuerpos de inteligencia “estaban infiltrados” por la Agencia de Inteligencia Americana (CIA, por sus siglas en inglés): “Hay casos vergonzosos en que la CIA financia ciertas unidades de inteligencia ecuatorianas”, aseguró Correa.
Incluso, según un informe del diario ‘El Comercio’, de Quito, la CIA entregaba anualmente a la inteligencia del Ejército entre 16 y 18 millones de dólares por “intercambio de información”. Datos que, según Correa, luego eran pasados a Colombia.
Las declaraciones del Presidente incomodaron a los altos oficiales, que en la tarde del martes le solicitó audiencia para establecer un “diálogo franco” sobre la relación de E.U. con la organización militar. De allí salió la cascada de renuncias.
“Hemos presentado al Presidente la disponibilidad por el cuestionamiento que se ha hecho a la actitud de las Fuerzas Armadas y eso no lo comparto”, dijo el general Vásconez luego de asistir a la posesión de Ponce.
Correa, desde su posesión, había sido especialmente cuidadoso en mantener buenas relaciones con sus fuerzas armadas, al punto de tender lazos estratégicos de cooperación y de entregarles, incluso, la administración del área petrolera (la principal fuente de ingresos del país) y la reconstrucción del sistema vial.
Además, impulsó la homologación y el aumento salarial de los uniformados y no tocó la ’sui generis’ infraestructura empresarial y comercial que mantienen las FF.AA., en la que es una de las instituciones más respetadas.
Aunque ningún analista se atreve a hablar de una posible fractura o división dentro de las fuerzas armadas, algunos, bajo condición de anonimato, coinciden en que hay descontento en ciertos sectores por la manera como el Gobierno ha manejado el tema de la guerrilla de las Farc en el país.
De ahí que hayan filtrado algunos de los videos que fueron encontrados en el campamento bombardeado, que acreditan la instalación de campamentos permanentes en suelo ecuatoriano.
Otros analistas prefieren prensar en que la crisis se originó en lo inesperado de la incursión colombiana. Según dijo a EL TIEMPO el experto en temas militares, general retirado Oswaldo Domínguez, “la situación se ha exacerbado por las implicaciones geopolíticas que tiene al haberse recibido un ataque inesperado por parte de Colombia, que jamás estuvo en las hipótesis del Ecuador”.
Para Domínguez, “los sistemas de inteligencia se nutren de la información cruzada que tienen diferentes organizaciones de diferentes países. Esto sucede en tiempo de relaciones coordinadas y diáfanas. Pero el momento de confrontación que se vive cambió la óptica de este proceso porque por la crisis los dos países sacaron a la luz informaciones que no fueron debidamente procesadas”.
El flamante nuevo ministro de Defensa, por su parte, no ve que el asunto de la CIA sea del todo negativo: “El valor de hablar de la intromisión de la CIA en nuestro país, lejos de provocar rasgamiento de vestiduras, puede ser una oportunidad para continuar ajustando la cooperación internacional a los objetivos nacionales y, particularmente, a robustecer las formas de cooperación entre los países del sur para contar pronto con un sistema regional del Sur”, dijo durante su posesión Ponce.
Todavía se especula con la posible renuncia del comandante de la Fuerza Aérea, Jorge Gabela; y la salida del Comandante General de Policía, Bolívar Cisneros, ya quedó desmentida.
ECUADOR: DESCUBREN GRAVE INFILTRACION DE LA CIA
Correa se deshizo de media cúpula militar
Echó al ministro de Defensa y a los jefes del ejército y del comando conjunto por imprevisión y contactos con la CIA.
Por María Laura Carpineta, Página/12
El ataque colombiano contra el campamento de las FARC en Ecuador se cargó a tres nuevas víctimas ayer. A más de un mes del bombardeo, el presidente Rafael Correa removió a su ministro de Defensa, Wellington Sandoval, como había hecho 48 horas antes con el jefe de Inteligencia Militar. La cúpula militar, centro de las críticas del gobierno desde la incursión colombiana, esta vez no disimuló su malestar. Inmediatamente después del anuncio, el jefe del comando conjunto de las fuerzas armadas, general Héctor Camacho, y el comandante del ejército, general Guillermo Vásconez, presentaron sus renuncias, que según fuentes gubernamentales ya habrían sido aceptadas. En el gobierno no querían hablar de crisis, aunque reconocían que todavía quedaban fichas por caer.
La reacción en cadena que terminó con la cúpula militar comenzó con una denuncia del diario quiteño El Comercio. Según publicó el matutino el sábado pasado, la oficina de inteligencia del ejército recibe anualmente, en concepto de “intercambio de información”, entre 16 y 18 millones de dólares de la CIA, la agencia de espionaje estadounidense.
“Cortaremos todo eso y tendremos servicios de inteligencia ecuatorianos, no para servir a potencias extranjeras, y por intermedio de ellos para servir al agresor de nuestro país”, había dicho Correa ese mismo día. Esa supuesta injerencia norteamericana en la frontera norte habría operado para que Correa se enterase tarde y mal de la violación territorial de las tropas colombianas cuando todo había terminado. “Fue una humillación. Se enteró tarde y por una llamada de Uribe”, aseguró enojada una fuente cercana al presidente que pidió no revelar su nombre para no interferir con nuevas decisiones que podría tomar Correa en los próximos días.
Según confiaron a este diario tres militares retirados que también pidieron no dar su nombre para no complicar aún más la relación entre el gobierno y el sector castrense, la supuesta influencia de la CIA es sólo una excusa. “Los contactos de la CIA existieron, existen y existirán”, aseguró uno de ellos. Para los oficiales retirados los vínculos con la inteligencia estadounidense no son injerencias, sino “cooperación”. Cooperación que aún continúa en Ecuador. El martes pasado, el general Camacho inauguró en el hotel Hilton de Quito un seminario titulado “Desafíos y oportunidades estratégicas”, dictado por un importante oficial del Comando Sur, cuyo nombre la embajada estadounidense no quiso difundir. Lo que tendría enojado a Correa es la seguidilla de errores que cometió la inteligencia, militar y policial, en el último mes. Primero no advirtieron sobre la presencia del campamento de Raúl Reyes que, según la misión de observación de la OEA, “tenía por lo menos un par de semanas”. Segundo, no alertó ni informó sobre el ataque y posterior incursión terrestre y aérea de fuerzas colombianas en el territorio nacional. Por último, Correa tardó casi un mes en enterarse de que un ciudadano ecuatoriano había muerto en el bombardeo. “¡Y se enteró por la prensa!”, recordó aún más enojada la fuente del Ejecutivo.
La cúpula militar no dio muy buenas explicaciones. En un principio dijeron que los radares fallaron. Pero, después de chequear bien sus fuentes, explicaron que en realidad los radares habían sido sacados de circulación para ser reparados. A Correa no lo convenció ninguna de las dos versiones, pero parecía determinado a mantener puertas adentro las diferencias. Sin grandes discursos ni acusaciones, removió al jefe de la Inteligencia Militar a principios de la semana.
El martes, en un acto inédito, la totalidad de la cúpula militar difundió una carta abierta demandando un diálogo directo con el presidente. Fue la gota que rebasó el vaso. La respuesta fue inmediata y, según fuentes gubernamentales, recién empieza. Cayó el ministro de Defensa y la mitad de la cúpula militar y penden de un hilo el resto de los jefes de las fuerzas armadas y de la policía.
Como si el mensaje no fuera lo suficientemente claro, el nuevo hombre en Defensa es el ex secretario personal de Correa, Javier Ponce, un periodista y poeta que más de una vez denunció a las fuerzas armadas por violaciones a los derechos humanos en las zonas campesinas.
RV: 7 preguntas y 7 respuestas sobre el Ecuador de Rafael Correa
NOTA SOBRE LAS NUEVAS IZQUIERDAS EN LATINOAMERICA
Por José Natanson, Página 12
1. ¿Rafael Correa está implementando un modelo
económico distinto?
En un país pequeño, de bajísima productividad y expuesto a los vaivenes de los precios internacionales, la dolarización actúa como una camisa de fuerza que le quita al gobierno margen de maniobra y le impide avanzar con políticas más audaces. La economía se sostiene gracias a las exportaciones de materias primas –petróleo y en menor medida banana y camarón– y las remesas que envía el millón de ecuatorianos que vive en el exterior.
Los argentinos lo recuerdan bien. Como la convertibilidad, el encanto y la maldición de la dolarización son las dos caras de la misma moneda: su carácter de irreversible –o, al menos, difícilmente modificable– es la clave para despejar el riesgo devaluatorio y neutralizar la inflación, lo cual, en teoría, debería contribuir a regenerar el círculo virtuoso de confianza-inversión-crecimiento-empleo. Pero el esquema ultrarrígido, que implica sacrificar la política monetaria y cambiaria, genera graves inconvenientes: el primero, el más elemental, es que le impide al gobierno enfrentar los shocks externos con medidas contracíclicas (con una devaluación, por ejemplo), privándolo de herramientas esenciales para maniobrar en contextos de crisis y dejando al endeudamiento y a la política fiscal –es decir, el ajuste de los gastos del Estado– como únicas alternativas.
A este problema se suma la sobrevaluación cambiaria. En Ecuador, la paridad inicial fue fijada a 25 mil sucres por dólar, un tipo de cambio devaluado que sin embargo se fue apreciando como efecto de la inflación, que desde el inicio de la dolarización hasta hoy ya acumula 150 por ciento. Esto neutralizó el efecto de la devaluación inicial y potenció los peores rasgos del modelo: pérdida de competitividad, sesgo antiexportador y debilitamiento del aparato productivo.
“Supuestamente, el objetivo era acabar con la inflación y garantizar la estabilidad, pero el verdadero fin era otro –me dijo Alberto Acosta, ex ministro de Energía de Correa y actual presidente de la Asamblea Constituyente, cuando conversé con él en una cevichería del centro de Quito—. El verdadero objetivo era arraigar el modelo neoliberal, garantizar la continuidad de las reformas más allá de los resultados electorales. Y hoy es el gran límite que impone la economía a cualquier cosa que uno quiera hacer.”
2. ¿La dolarización
fue buena idea?
Cuando recién se implementó, en enero del 2000, la dolarización produjo un efecto estabilizador y permitió generar un ambiente de mayor previsibilidad, que no consiguió atraer miles de millones de dólares en inversiones pero que sí alcanzó para revitalizar la demanda interna y abrir algunas líneas de crédito, sobre todo orientadas al consumo. La pobreza y el desempleo cayeron y el PBI creció entre 3 y 4 por ciento en los dos años siguientes.
Pero el análisis debe contemplar el contexto externo, increíblemente favorable, marcado por los altos precios del petróleo, el incremento de las remesas y las bajas tasas de interés internacional, a lo que habría que sumar dos datos más, uno transparente y otro más oscuro: el transparente es la devaluación internacional del dólar, que le devolvió cierta competitividad a la economía ecuatoriana; el oscuro es el ingreso de millones y millones de narcodólares a través de la frontera colombiana. Pese a todo esto, el crecimiento ha sido muy desparejo, 4 puntos en promedio desde el 2000 hasta hoy, lo que implica un porcentaje inferior a la media regional.
En suma, la dolarización se sostiene en este contexto atípico, pero no ha permitido aprovechar las extraordinarias condiciones internacionales y es un misterio cómo podrá sobrevivir en un ambiente menos favorable.
3.¿Por qué Correa decidió mantener la dolarización?
Cuando todavía era un profesor de economía dedicado a los debates académicos, Correa escribió en Iconos, la revista de Flacso Ecuador: “Un tipo de cambio fijo irreversible, en una economía abierta, pequeña y de baja productividad, es claramente un disparate técnico, que seguramente algún día controlará la inflación, pero probablemente quebrando el sector real de la economía”.
La presión social lo obligó a cambiar de discurso. En Ecuador, la dolarización no es vista como una bomba a mediano plazo sino como una tabla de salvación que sería insensato abandonar. Fue la salida desesperada a la crisis política y económica más grave de la historia del país, por lo que es natural que hasta hoy sea valorada como un bien a preservar. Y es natural también que el amplio consenso social del que goza la dolarización llevara a Correa a prometer durante la campaña presidencial del 2006 que no introduciría modificaciones en caso de alcanzar la presidencia. “Así como fue una insensatez entrar, tratar de salir en estos momentos sería igualmente insensato”, señaló.
Lo curioso es que Correa fue elegido presidente por la fama cosechada durante su breve gestión como ministro de Economía, durante la cual tomó distancia del FMI, se enfrentó a Estados Unidos y demostró su decisión de aplicar medidas heterodoxas. Pero al mismo tiempo se le exige que no abandone la dolarización, que impone los límites más estrechos a su voluntad de cambio: esta contradicción fundamental es su mochila de plomo.
4. ¿Correa está aprovechando los márgenes de maniobra para
implementar otras políticas?
La idea es fortalecer el rol del Estado con algunas políticas desarrollistas sin modificar el sistema cambiario. Uno de los objetivos, clave en una economía con tipo de cambio fijo, es bajar la tasa de interés, para lo cual se intenta devolverle cierto protagonismo a la banca pública. La recuperación de Petroecuador –como Irán, Ecuador es un exportador de petróleo que debe importar combustible– es otra de las metas del gobierno. Y, finalmente, una de las medidas más criticadas por la oposición: la decisión de utilizar los recursos del Fondo de Ahorro y Contingencia, formado con dinero proveniente del petróleo como garantía para el pago de la deuda externa, y la firma de un decreto que estipuló que el 99 por ciento de los fondos obtenidos por el aumento del precio del crudo iría a parar al Estado. Todo esto en el marco de una política internacional que incluye la cancelación del acuerdo con Estados Unidos por la Base de Manta (única base militar norteamericana en Sudamérica) y la decisión de no firmar un tratado de libre comercio con Washington, lo que convertiría a Ecuador en el único país americano con costas en el Pacífico en no haber firmado una alianza comercial con el coloso del Norte.
La cara social de este giro económico es la duplicación del Bono de Desarrollo Humano que se entrega a las familias más pobres, de 15 a 30 dólares, el aumento del Bono para la Vivienda, de 1800 a 3600 dólares, y la implementación de subsidios a la harina, los fertilizantes y el transporte público para frenar la suba de precios.
Pero la gestión económica está lejos de los objetivos planteados. Ecuador creció apenas 3,9 en 2006, 2,9 en 2007 y se estima menos de 3 por ciento para 2008. Es decir, un promedio inferior al de la región, como resultado de un esquema económico que en algún momento será necesario discutir. Aunque nunca lo dirá en voz alta, Correa probablemente siga pensando que tarde o temprano será necesario abandonar la dolarización. Recupero otro párrafo de su artículo. “La salida debería realizarse de manera paulatina e implicaría un largo período de tiempo. Para ello será necesario acumular dos cosas: recursos económicos y consenso social”, escribió Correa. Lo primero consiste en atesorar reservas para tener capacidad de maniobra una vez levantada la represa. El segundo aspecto es más delicado: “En el caso de la convertibilidad argentina, dicho consenso social se logró cuando ya la crisis era demasiado grande. Y precisamente como consecuencia de ésta”.
El momento aún no ha llegado: la reforma constitucional insume buena parte de la energía política del presidente, cuyo poder dependerá en buena medida de cómo se resuelva el trámite.
5. ¿Por qué impulsa Correa una reforma
constitucional?
Durante casi diez años, desde 1997 hasta la victoria de Correa, Ecuador vivió un ciclo de fuerte inestabilidad política, infrecuente aun para las alteradas repúblicas latinoamericanas, que lo llevó a batir el record regional de gobiernos cortos, con ocho jefes de Estado en una década, en un contexto de descomposición partidaria, caos económico y creciente deterioro social. Todo esto bajo una serie de liderazgos fallidos, el primero de los cuales fue el pintoresco Abdalá Bucaram, cuyas primeras medidas como presidente fueron: el anuncio de que grabaría un disco con el grupo Los Iracundos, la decisión de no mudarse al palacio presidencial con el argumento de que carecía de una cancha de fútbol y el intento de contratar a Diego Maradona por un millón de dólares. Además, claro, de un paquete de medidas que marcaría el inicio del ciclo económico neoliberal.
A Bucaram le siguió Jamil Mahuad, el prestigioso ex alcalde de Quito que implementó la dolarización y que fue desplazado tras una rebelión indígena y un intento de golpe de Estado, y Lucio Gutiérrez, el militar golpista que tuvo que renunciar luego de una nueva revuelta popular, esta vez de clase media. Y entre uno y otro, vicepresidentes y legisladores que asumían de manera transitoria. En fin, una monótona sucesión de crisis que fue consolidando la idea de que algo funcionaba estructuralmente mal en la democracia ecuatoriana.
En esta perspectiva histórica, parece natural que Correa hiciera de la promesa refundacionista el eje de su campaña, como en su momento hicieron Chávez y Evo Morales, pero con la diferencia de que, para subrayar su voluntad antipartidocrática, el ecuatoriano se negó a presentar candidatos al Congreso, lo cual generó una larga pulseada institucional que incluyó decisiones muy discutibles, como el desplazamiento de 57 parlamentarios opositores y su reemplazo por suplentes. Pese a todo, Correa logró sortear los escollos institucionales para convocar al plebiscito por la reforma constitucional, donde el Sí se impuso con un abrumador 82 por ciento, y luego obtuvo una mayoría holgada en la elección de convencionales. Su camino luce ahora más despejado.
6. ¿Correa es un
títere de Chávez?
Osvaldo Hurtado, ex presidente de Ecuador y uno de los grandes referentes del pensamiento neoliberal de su país, me dio su opinión durante una entrevista en su pequeña oficina en Quito: “Son líderes populistas, que creen que las instituciones están a su servicio y no ellos al servicio ellas”.
Es cierto que Correa comparte con Chávez el estilo carismático de liderazgo, la conexión directa con los sectores populares, la voluntad redencionista y un modelo de gestión decisionista que tiende a concentrar el poder en la figura del presidente. También la idea de que la historia empieza con ellos, como si no hubiera pasado (o como si el pasado valioso fuera sólo el lejano, el de Bolívar o Eloy Alfaro). Sin embargo, sería absurdo definir a Correa como una marioneta teledirigida por Chávez desde Caracas. El hombre, gusten o no sus políticas, ha demostrado que tiene personalidad. Y aunque la alianza con Venezuela es importante, no implica un alineamiento total: Correa, por ejemplo, se niega a abandonar la Comunidad Andina de Naciones y ha rechazado, diplomática pero firmemente, las invitaciones a sumarse al ALBA.
7.¿Correa
tiene futuro?
El ascenso político de Correa es resultado del dramático desmoronamiento del sistema político y económico ecuatoriano y de la emergencia de dos actores sociales que habían ganado protagonismo en la última década: el movimiento indígena, que protagonizó la revuelta contra Mahuad y apostó a Gutiérrez pero que ahora mira con simpatía al nuevo presidente; y las clases medias quiteñas que lideraron la “rebelión de los forajidos” y que constituyen la base social más importante del gobierno.
Sin la imprevisibilidad de Chávez y con sólo atisbos de su proverbial megalomanía, Correa ha logrado un amplio respaldo popular y, a menos de dos años en el poder, aún no tiene que lidiar con el desgaste inevitable de la gestión. Pudo concretar, pese a todos los obstáculos, algunas de sus promesas, desde la Asamblea Constituyente hasta políticas sociales para los sectores más castigados. Y no enfrenta la resistencia de partidos políticos fuertes ni de poderes regionales potentes. A diferencia de Bolivia, donde los reclamos autonómicos de Santa Cruz constituyen la principal oposición a Evo Morales, en Ecuador la oligarquía de Guayaquil, una ciudad que se parece cada vez más a Miami y que es la sede de las principales empresas exportadoras, no ha logrado construir un foco de oposición convincente. Los tres triunfos electorales de Correa –en las presidenciales, en el plebiscito por la reforma constitucional y en la elección de constituyentes– se extendieron homogéneamente por todo el país, quebrando la tradicional división costa-sierra. Todo esto confirmaría su fortaleza y permitiría augurarle larga vida al nuevo líder. Sin embargo, los desequilibrios producidos por la dolarización, ese corset de hierro que no logra quitarse, echan sombras sobre un futuro que de otro modo luciría mucho más promisorio.
OEA: CANCILLERES LOGRAN ACUERDO CON OPOSICIÓN DE EE.UU.
Pese a la oposición de EE.UU., cancilleres logran acuerdo frente a conflicto entre Ecuador y Colombia.
La Tercera.cl
En la resolución se incluye el “rechazo” a la incursión militar colombiana del 1 de marzo en territorio ecuatoriano, además de las disculpas expresadas por el gobierno del Presidente Alvaro Uribe y el compromiso de todos los países de combatir a “grupos irregulares o de organizaciones criminales” como las Farc.
La reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OEA sobre el conflicto entre Ecuador y Colombia terminó hoy después de más de 15 horas de desencuentros con una resolución consensuada pese al rechazo de Estados Unidos, que sólo la apoyó por la petición expresa del gobierno de Colombia.
La resolución incluye el “rechazo” a la incursión militar colombiana del 1 de marzo en territorio ecuatoriano, como pretendía Quito. También incluye las disculpas expresadas públicamente por el gobierno del Presidente colombiano Alvaro Uribe.
Al mismo tiempo, contiene asimismo un recuerdo al compromiso de todos los países de combatir a “grupos irregulares o de organizaciones criminales” como las Farc. El gobierno colombiano piensa que, cuando menos, Ecuador y también Venezuela no hacen lo suficiente para luchar contra la guerrilla.
Además, el texto “acogió positivamente” la declaración que aprobaron los jefes de estado del Grupo de Río la semana pasada en Santo Domingo.
Tras una nueva maratoniana sesión en la sede de la OEA en Washington, la reunión aplaudió la resolución por unanimidad. Posteriormente Estados Unidos hizo constar su desacuerdo porque considera que Colombia tenía derecho a la legítima de defensa.
A pesar de los numerosos desencuentros del día, las dos principales partes aseguraron salir victoriosos de la cita.
“Es un éxito completo para Colombia”, afirmó el canciller Fernando Araújo. “Es un triunfo para el Ecuador”, aseguró su homóloga ecuatoriana, María Isabel Salvador.
El nuevo embajador estadounidense ante la OEA, Héctor Morales, manifestó ante el plenario el descontento de su país y dejó claro que si apoyó el texto fue porque así se lo pidió Colombia.
“El ministro Araújo pidió que apoyásemos a Colombia, sienten que esta es una importante ganancia para su país”, agregó ante el plenario Morales, que tomó posesión de su cargo tan sólo la pasada semana. A lo largo de la jornada estuvieron en la OEA sus superiores John Negroponte, segundo del Departamento de Estado, y Tom Shannon, responsable para América Latina, pero ambos abandonaron la reunión antes del final.
El rechazo explícito estadounidense dio pie a los ataques venezolanos. “Quedó claro que el gobierno de Estados Unidos estuvo entorpeciendo”, aseguró el canciller Nicolás Maduro, que habló además de “boicoteo”, “sabotaje” y “bloqueo”.
Maduro aprovechó también para criticar que la “OEA no camina al ritmo de América Latina”, en línea con la sugerencia de crear una organización que englobe al continente pero sin Estados Unidos.
La sesión de hoy, técnicamente, quedó abierta y no se cerrará hasta la Asamblea de la OEA del 1 al 3 de junio en Medellín. En la ciudada colombiana tendrá que presentar el secretario general de la organización, José Miguel Insulza, un informe sobre la evolución de las relaciones entre las partes.
La resolución, que se cerró definitivamente en una última reunión con la presencia de Ecuador, Colombia, México, Brasil, Uruguay y República Dominica, así como la del secretario Insulza, puso fin a una jornada que apenas unas horas antes parecía abocada al fracaso. Las posiciones ecuatoriana y colombiana, con sus respectivos apoyos a la espalda, se fueron separando poco a poco a lo largo del día.
Las negociaciones comenzaron difíciles, pero se fueron complicando a medida que pasaban las horas. Ecuatorianos y colombianos no sólo se mantuvieron inamovibles en sus posicionamientos iniciales, sino que fueron añadiendo más cláusulas al texto que liaron aún más la madeja.
Insulza, no logró destrabar el problema a pesar de que mantuvo numerosas reuniones con las partes implicadas y con otros países que intentaron acercar las posturas. Tampoco funcionó el establecimiento de diferentes grupos de trabajo con varios países.
A lo largo del día, varias propuestas de resoluciones fracasaron en alcanzar el consenso: la ecuatoriana y la colombiana llegaron hasta el final. La de Canadá, que proponía aceptar ciegamente las recomendaciones de la comisión que Insulza dirigió la pasada semana de visita en Ecuador y Colombia, fue descartada por “idealista”.
Al final, la propuesta de consenso de Insulza, que había sido rechazada, volvió a ser retomada y modificada en el texto que finalmente fue aprobado. Atrás quedaron enfados, bromas, reuniones bilaterales, trilaterales y multilaterales, almuerzo, cena y mucho café para una resolución que es un paso más, aunque no definitivo, hacia la resolución de la crisis.
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