70% DE LATINOAMERICANOS DISCRIMINAN A INMIGRANTES
Siete de cada diez latinoamericanos está en desacuerdo con que personas no nacionales, pobres o de distinta raza vivan a su país, reveló hoy la encuesta “Oportunidades de Integración Regional” realizada en 18 países del continente en 2007. El sondeo, una iniciativa de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la organización Latinobarómetro, fue presentado hoy en Lima por el presidente ejecutivo de la CAF, Enrique García, y autoridades peruanas.
La Tercera.cl
Al abordarse el tema de la actitud hacia los inmigrantes, el estudio encontró que sólo un 24 por ciento está de acuerdo con que se permita que extranjeros de la misma raza o grupo étnico que los nacionales llegue a vivir a su país. Un 15 por ciento está de acuerdo con recibir a gente de países más pobres y un 14 por ciento con los extranjeros de distinta raza o grupo étnico que los nacionales.
Los países más abiertos a la llegada de extranjeros de la misma raza o grupo étnico son Uruguay (41 por ciento) y Nicaragua (39 por ciento), mientras que Costa Rica es el más cerrado a esa posibilidad (9 por ciento). Por su parte, entre las naciones más abiertas a la llegada de ciudadanos de países más pobres vuelve a aparecer Uruguay (27 por ciento), seguido de México y Nicaragua (ambos con 22 por ciento). Los más cerrados en este tema son Ecuador (4 por ciento) y Paraguay (7 por ciento). Sobre la posibilidad de que extranjeros de diferente raza lleguen a vivir a su país, los más receptivos son Uruguay (30 por ciento), Argentina, Colombia y Nicaragua (20 por ciento). Mientras que los más cerrados son Ecuador (3 por ciento) y Paraguay (7 por ciento).
El estudio afirmó que “América Latina no parece darles mayoritariamente la bienvenida a los inmigrantes”.
“Esto contradice de corazón la imagen de una región cálida y acogedora, y muestra el lado oscuro de nuestra cultura”, precisó.
CORREA REITERA INTROMISION DE LA CIA EN ECUADOR
Quito, 12 abr (PL) El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, ratificó hoy que acabará con las infiltraciones, las intromisiones y sometimientos de organismos y agencias de inteligencia foráneas. “O somos países independientes o seguirenos siendo patios traseros y colonias, (pero) yo no me voy a prestar para eso”, resaltó Correa al recalcar que Ecuador será una nación soberana. En su cadena radial de este sábado, realizada desde el Instituto Tecnológico de Monterrey, en México, explicó los cambios ejecutados en la cúpula militar y policial, por el sometimiento de los servicios de inteligencia nacionales a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Al enfatizar que hay infiltración, señaló que tras el bombardeo colombiano a una zona norte de Ecuador, la inteligencia no le entregó apenas información, pero la poca que le dio era equivocada. El mandatario advirtió que existen serias evidencias de que “a la CIA si le dieron información y a través de la CIA a Colombia y que había un intento de manipular la información para que cuando nos llegara reforcemos la posición colombiana”. Tras recalcar que acciones de este tipo no se pueden permitir, enfatizó que no claudicará en sus principios, pues eso significa perder la vida y va a edificar una patria independiente. Correa reiteró que “se acabarán estas infiltraciones, las intromisiones y sometimiento de organismos extranjeros y servicios de inteligencia foráneas”. Rememoró que se cambió ya al director de inteligencia de la Fuerza Terrestre y hay serias sospechas de que importantes oficiales de ese servicio estaban vinculados a la CIA. Por ello, ratificó la creación de una comisión de alto nivel civil y militar para que investigue los alcances de la infiltración de los organismos extranjeros. El jefe de Estado recalcó que no se cansará de decir la verdad, aunque duela, pero Ecuador tiene que ser un país soberano, pues él no se va a prestar para que la nación siga siendo colonia. PERO CRISIS Y RUIDO DE SABLES SE MANTIENE
El presidente Correa ha dicho que no va a permitir la intromisión extranjera en las Fuerzas Armadas: “si tengo que caerme por eso, me caigo”.
Pero, mientras tanto, los militares se sienten acusados injustamente por Correa y en los últimos días se habló de una asamblea de coroneles en la Escuela Militar, en Quito, y de una serie de movimientos para responder “institucionalmente” a la postura del Jefe de Estado.
Como si fuera poco el conato de ruido de sables, esta semana también se conoció un informe del Tribunal Supremo Electoral, revelado por El Comercio de Quito, según el cual la campaña del hoy Presidente manejó fondos en efectivo prohibidos por la ley y no informó de un depósito de casi medio millón de dólares. Algunos asociaron el hecho con una carta hallada en el computador de ‘Raúl Reyes’ que hablaba de aportarle a la campaña de Correa 100.000 dólares. Sin embargo, la investigación apenas comienza.
(ver http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=110906)
CIA CREA INESTABILIDAD EN ECUADOR
¿Qué pasa con las fuerzas militares en Ecuador?
MAGGY AYALA SAMANIEGO
para EL TIEMPO, QUITO
El presidente Rafael Correa cambió este miércoles a su ministro de Defensa por el que hasta ahora era su secretario privado. Es el cuarto ministro de la cartera en 15 meses de gobierno. Un muy crítico momento atraviesan las relaciones entre el gobierno del mandatario ecuatoriano y sus fuerzas militares, tras el operativo militar colombiano del primero de marzo pasado, que terminó con la muerte del segundo al mando de las Farc, ‘Raúl Reyes’, y del ecuatoriano Franklin Aisalla, que según los organismos de inteligencia de este país hacía años estaba bajo vigilancia.
Tanto, que a la destitución fulminante la semana pasada del jefe de Inteligencia del Ejército, coronel Mario Pazmiño, se sumó ahora el relevo del cargo del ministro de Defensa, Wellington Sandoval, y la renuncia del Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Héctor Camacho, y del Comandante del Ejército, general Guillermo Vásconez.
A Sandoval lo reemplazará Javier Ponce Cevallos, un reconocido escritor y columnista quiteño identificado con proyectos de desarrollo social, que oficiaba como secretario particular del Presidente y que forma parte de su estrecho círculo de confianza. Ponce es el cuarto ministro de la cartera en 15 meses de gobierno.
Al parecer, la confianza en su cúpula militar la perdió Correa el día en que constató que le fue ocultada información sobre el seguimiento que los organismos de inteligencia del Ejército y Policía realizaban a Aisalla.
El hecho fue la punta del ovillo para develar, según el mandatario, que los cuerpos de inteligencia “estaban infiltrados” por la Agencia de Inteligencia Americana (CIA, por sus siglas en inglés): “Hay casos vergonzosos en que la CIA financia ciertas unidades de inteligencia ecuatorianas”, aseguró Correa.
Incluso, según un informe del diario ‘El Comercio’, de Quito, la CIA entregaba anualmente a la inteligencia del Ejército entre 16 y 18 millones de dólares por “intercambio de información”. Datos que, según Correa, luego eran pasados a Colombia.
Las declaraciones del Presidente incomodaron a los altos oficiales, que en la tarde del martes le solicitó audiencia para establecer un “diálogo franco” sobre la relación de E.U. con la organización militar. De allí salió la cascada de renuncias.
“Hemos presentado al Presidente la disponibilidad por el cuestionamiento que se ha hecho a la actitud de las Fuerzas Armadas y eso no lo comparto”, dijo el general Vásconez luego de asistir a la posesión de Ponce.
Correa, desde su posesión, había sido especialmente cuidadoso en mantener buenas relaciones con sus fuerzas armadas, al punto de tender lazos estratégicos de cooperación y de entregarles, incluso, la administración del área petrolera (la principal fuente de ingresos del país) y la reconstrucción del sistema vial.
Además, impulsó la homologación y el aumento salarial de los uniformados y no tocó la ’sui generis’ infraestructura empresarial y comercial que mantienen las FF.AA., en la que es una de las instituciones más respetadas.
Aunque ningún analista se atreve a hablar de una posible fractura o división dentro de las fuerzas armadas, algunos, bajo condición de anonimato, coinciden en que hay descontento en ciertos sectores por la manera como el Gobierno ha manejado el tema de la guerrilla de las Farc en el país.
De ahí que hayan filtrado algunos de los videos que fueron encontrados en el campamento bombardeado, que acreditan la instalación de campamentos permanentes en suelo ecuatoriano.
Otros analistas prefieren prensar en que la crisis se originó en lo inesperado de la incursión colombiana. Según dijo a EL TIEMPO el experto en temas militares, general retirado Oswaldo Domínguez, “la situación se ha exacerbado por las implicaciones geopolíticas que tiene al haberse recibido un ataque inesperado por parte de Colombia, que jamás estuvo en las hipótesis del Ecuador”.
Para Domínguez, “los sistemas de inteligencia se nutren de la información cruzada que tienen diferentes organizaciones de diferentes países. Esto sucede en tiempo de relaciones coordinadas y diáfanas. Pero el momento de confrontación que se vive cambió la óptica de este proceso porque por la crisis los dos países sacaron a la luz informaciones que no fueron debidamente procesadas”.
El flamante nuevo ministro de Defensa, por su parte, no ve que el asunto de la CIA sea del todo negativo: “El valor de hablar de la intromisión de la CIA en nuestro país, lejos de provocar rasgamiento de vestiduras, puede ser una oportunidad para continuar ajustando la cooperación internacional a los objetivos nacionales y, particularmente, a robustecer las formas de cooperación entre los países del sur para contar pronto con un sistema regional del Sur”, dijo durante su posesión Ponce.
Todavía se especula con la posible renuncia del comandante de la Fuerza Aérea, Jorge Gabela; y la salida del Comandante General de Policía, Bolívar Cisneros, ya quedó desmentida.
7 preguntas y respuestas sobre el Uruguay de Tabaré Vázquez, J.Natanson
Por José Natanson, Página/12
1 ¿El gobierno de Tabaré Vázquez es neoliberal?
Como ocurrió con Lula en Brasil, el ascenso al poder de la izquierda uruguaya estuvo precedido por una crisis económica gravísima, que comenzó en 1998 y se extendió durante cuatro largos años, hasta que finalmente estalló en el 2002: en ese año fatal, el impacto combinado del colapso argentino y la inestabilidad brasileña provocó un efecto catastrófico en la frágil economía uruguaya, cuyo resultado más visible fue una caída del PBI del 11 por ciento y una corrida bancaria sin precedentes, que hizo que en poco tiempo se retiraran la mitad de los depósitos. El gobierno, aturdido, reprogramó los pagos de la banca pública –una especie de default amistoso– y trató de controlar una devaluación imparable, hasta que un oportuno salvataje estadounidense en la forma de un crédito de 1500 millones de dólares le permitió superar el golpe.
Por poco, Uruguay logró evitar un colapso total al estilo argentino, pero el panorama que emergió después de la tormenta era negro: la deuda externa superaba el total del PBI, el desempleo arañaba el 20 por ciento y la cohesionada sociedad uruguaya lucía fracturada, con los barrios precarios alterando, por primera vez en la historia, la fisonomía elegante de Montevideo. “Terminó de descorrerse el velo que ocultaba al país distinto que la mayoría de los uruguayos se resistía a ver”, escribió el politólogo Gerardo Caetano (Nueva Sociedad 184, marzo-abril 2003).
Después de tocar fondo, la economía uruguaya comenzó lentamente a revivir. Pero era una recuperación frágil y precaria, que convenció a Tabaré Vázquez de que era necesario moverse con cautela de cara a las elecciones presidenciales del 2004: el candidato se reunió con empresarios y banqueros, esquivó algunas cuestiones delicadas (nunca aclaró del todo, por ejemplo, si pensaba renegociar la deuda externa) y ofreció la mejor prueba de confiabilidad al alcance de su mano: el anuncio de que el prestigioso economista Danilo Astori, referente del ala moderada del Frente Amplio, se convertiría, en caso de que llegara al poder, en su ministro de Economía.
2 ¿Fue buena idea no patear el tablero de la economía?
Férreamente manejada por Astori, la política económica del gobierno del Frente Amplio incluyó la firma inmediata de un acuerdo con el FMI, un gasto público controlado y una tibia reforma impositiva, mucho menos radical que la insinuada en la campaña. Las tensiones que generó esta estrategia no tardaron en notarse en un gabinete que incluía a los referentes de las principales facciones de la coalición. De hecho, Vázquez tuvo que desautorizar a su ministro de Economía en dos oportunidades: cuando se resistió a que el Congreso cumpliera la promesa de campaña de elevar el presupuesto educativo al 4,5 por ciento del PBI, y cuando se opuso a la creación del impuesto a las rentas de las personas físicas, un reclamo histórico de la izquierda uruguaya.
Pero las líneas maestras del plan económico no se alteraron en lo esencial y el peso interno de Astori fue creciendo en simultáneo con el despegue de la economía, favorecida por el incremento de los precios de los principales productos de exportación (carne, lácteos, cereales), por el regreso de los turistas argentinos y brasileños a las soleadas playas de Punta del Este y por la puesta en marcha de proyectos largamente esperados, como la papelera Botnia. En este marco, Uruguay creció 6,6 por ciento en el 2005, 7 en el 2006, 7,5 en el 2007 y se estima un 7 para el 2008. A la abrumadora evidencia estadística podría agregársele un argumento cualtitativo: la recuperación, aunque liderada por los sectores tradicionales, como el turismo y el campo, incluye también una expansión de la industria manufacturara.
Todo esto es verdad, pero no es menos cierto que la primarización de la estructura económica, mal endémico uruguayo, no sólo se mantuvo, sino que se profundizó en los últimos años: según los últimos datos de la Cepal, más de dos tercios de las exportaciones se concentran en los sectores tradicionales, básicamente en el agropecuario, en tanto que la proclamada recuperación industrial se apoya sobre todo en las ramas vinculadas con la base primaria, como frigoríficos, arroz, curtiembres, madera y pasta de celulosa. El turismo, por su parte, sigue siendo la principal fuente de ingreso de divisas. Todo esto expone a la economía uruguaya, pequeña y relativamente abierta, a los vaivenes de los precios internacionales y, sobre todo, a la inestabilidad crónica de sus dos grandes vecinos.
3 ¿La política económica ayudó a mejorar la situación social?
Junto a Costa Rica (y hasta mediados de los ’70 también Argentina), Uruguay había logrado el notable record de mantenerse como uno de los pocos países latinoamericanos con bajos niveles de desigualdad social. Para ello resultó clave una geografía sin grandes accidentes, que evita por ejemplo las típicas divisiones sierra-costa de los países andinos, y una dimensión reducida, con sólo tres millones y medio de habitantes. Pero la relativa integración social de Uruguay no es sólo una bendición de la naturaleza sino el producto de una sociedad, tal vez la más europea –y europeizada– de América latina, que valora la cultura de clase media y que ya a principios de siglo XX, con José Batlle, había comenzado a construir el Estado de Bienestar más avanzado de la región.
Todo esto, sin embargo, había cambiado en marzo del 2005, cuando Tabaré Vázquez asumió el gobierno después de la crisis económica más profunda de la historia nacional. La pobreza, tras arañar el 35 por ciento, todavía rondaba el 30, según el Instituto Nacional de Estadística, y el desempleo superaba el 10 por ciento. Frente a esta situación, el gobierno apostó, por un lado, a la creación de empleo y al incremento del salario real, como derrame de la expansión económica y como resultado de las políticas de fomento industrial y agrícola. Al mismo tiempo, se creó el Ministerio de Desarrollo Social, que nunca había sido considerado necesario en un país como Uruguay, y se ampliaron los programas de asistencia con el lanzamiento del Plan Nacional de Emergencia Social, cuyo programa principal, el Ingreso Ciudadano, hoy beneficia a 300 mil personas. Estos esfuerzos han dado sus primeros resultados: la pobreza bajó al 25 por ciento y el desempleo al 9,7.
Pero la pobreza no sólo se expandió; también cambió su cara. La crisis que estalló en el 2002 alumbró un nuevo cuadro social: la indigencia, que antes prácticamente no existía, hoy afecta al 3,5 por ciento de la población. Al mismo tiempo, se verificó un proceso de infantilización de la pobreza que hizo que hoy el 50 por ciento de los menores de 12 años sean pobres. Esto crea situaciones estructuralmente difíciles de cambiar y que parece imposible atacar solo con políticas sociales, por más eficientes que sean, ya que involucran cuestiones muy complejas, como la segregación residencial, las nuevas condiciones de los mercados laborales flexibilizados, la tercerización en el sector servicios y otros tantos etcéteras. “Es el desafío más importante y más difícil de nuestro gobierno”, me dijo Felipe Michelini, subsecretario de Educación y Cultura de Uruguay, cuando conversé con él luego de un seminario en Buenos Aires.
4 ¿El gobierno de Vázquez ha avanzado en otros aspectos?
Los derechos humanos eran uno de los grandes ítem de la agenda de campaña. El nuevo gobierno impulsó la aprobación legislativa de los tratados internacionales, creó un programa sobre el tema en las escuelas y promovió la investigación de los crímenes de la dictadura aprovechando los agujeros jurídicos de la Ley de Caducidad, la norma sancionada en 1989 –y ratificada en un plebiscito– para frenar las causas por violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, pese a que en su momento el Frente Amplio lideró la campaña contra la ley, el gobierno de Vázquez cumplió lo prometido en la campaña y se negó a derogarla.
Otro de los ejes programáticos de la coalición, las políticas de salud reproductiva, avanzó parcialmente, con el impulso a algunas medidas de educación sexual y anticoncepción responsable. Sin embargo, el gobierno se negó a enfrentar el siempre postergado debate acerca de la despenalización del aborto. En febrero de 2006, un grupo de legisladores presentó un proyecto para autorizar la interrupción voluntaria del embarazo hasta las doce semanas desde la gestación. La idea era aprobarlo en el Congreso y luego someterlo a un plebiscito, lo que convertiría a Uruguay en el primer país de América latina en plantear seriamente una discusión sobre el tema. Pero Vázquez, de fuerte formación católica, amenazó no sólo con vetar la ley, sino con disolver las cámaras, un recurso institucional extremo, si éstas insistían. “Estoy dispuesto a hacer todo lo necesario”, advirtió el presidente.
5 ¿El de Tabaré Vázquez es un gobierno timorato?
La pregunta no es mera provocación. Algunos, sobre todo en la orilla argentina del Río de la Plata, seguramente piensan eso. Y es que al lado de los cambios abruptos que se vivieron en Argentina, que pasó del neoliberalismo más intenso del continente a la crisis más profunda y de ahí a un gobierno furiosamente antineoliberal (al menos en el discurso), lo de Uruguay parece siempre poca cosa.
Pero habría que ver, en primer lugar, si este estilo de cambio lento es tan negativo como piensan algunos. En todo caso, es parte de una cultura política que detesta los giros bruscos y avanza siempre con movimientos amortiguados, para bien y para mal. En 1992, por ejemplo, mientras el resto de América Latina giraba decididamente hacia la ortodoxia económica, Uruguay les ponía un freno popular a las reformas de mercado rechazando en un plebiscito las privatizaciones. Y más tarde, cuando se anunció la privatización parcial del sistema jubilatorio, un 60 por ciento de los uruguayos eligió mantenerse dentro del sistema estatal de reparto.
El ascenso político de la izquierda no tenía por qué romper esta tradición. Al fin y al cabo, el Frente Amplio nació en 1972 y recién después de tres décadas, tras perder dos elecciones presidenciales y demostrar que era capaz de gobernar Montevideo, pudo llegar al poder. En este sentido, contra lo que piensan algunos desprevenidos, el éxito electoral no fue resultado de una aspiración de cambio total sino, por el contrario, de la capacidad de Tabaré Vázquez para combinar un mensaje de esperanza difusa con las necesarias señales de las tranquilidad que exigía una sociedad que, aunque decidida a pasar a otra etapa, no parecía muy dispuesta a cambiar la tradición reformista tan arraigada en el país.
6 ¿Uruguay va a dejar el Mercosur?
El conflicto con Argentina por la instalación de la papelera Botnia reavivó la discusión acerca de las ventajas y desventajas del Mercosur y estuvo a punto de terminar con la salida del bloque. Al igual que Paraguay, Uruguay se queja de que Argentina y Brasil no lo tienen en cuenta a la hora de tomar las grandes decisiones, como el ingreso de Venezuela como miembro pleno, y que hacen poco y nada para limitar las asimetrías.
De los cuatro socios, Uruguay es por lejos el que cuenta con un mayor porcentaje de mercoescépticos. Un sector importante de la clase política, junto a buena parte de la sociedad y de los medios de comunicación, defiende la idea de diversificar la política de integración para vincularse con nuevos mercados. El debate divide también al Frente Amplio. De hecho, Astori impulsó en su momento un acuerdo comercial con Estados Unidos que habría implicado la salida de Uruguay del Mercosur y que finalmente se convirtió en un mucho más suave Tratado de Protección de Inversiones. En la oposición, la mayoría apoya la idea, como me explicó el ex presidente Luis Alberto Lacalle, uno de los principales referentes conservadores de su país, en una entrevista en Buenos Aires. “Tenemos que dejar de perder el tiempo con pavadas como el Parlamento del Mercosur, que sólo sirve para generar viáticos. Hay que volver a un acuerdo de libre comercio, que era la idea original, para que podamos explorar otras alternativas complementarias.”
La opinión de Lacalle no debería descartarse con el argumento de que es un neoliberal y punto. El diagnóstico tiene su lógica: típico caso de un país chico, Uruguay produce mucho de pocas cosas y consume poco de muchas. Como diría un economista, es una economía estructuralmente especializada y, por lo tanto, vulnerable a las fluctuaciones de los precios de los pocos productos que exporta. Quienes sugieren avanzar en un regionalismo abierto al estilo de Chile argumentan que la única forma de evitar las variaciones de los precios internacionales es diversificar las exportaciones –y sus mercados de destino– a través de acuerdos con otros países y bloques, para lo cual el país cuenta con algunas ventajas invaluables: una ubicación estratégica, materias primas abundantes y una tradición de estabilidad institucional adecuada para atraer inversiones extranjeras.
Pero esta propuesta ignora el hecho de que Uruguay ya se encuentra estrechamente vinculado con sus vecinos, especialmente Argentina y Brasil, que constituyen sus dos principales socios comerciales y que, sumados, representan casi el 50 por ciento de su comercio exterior. Ambos países son responsables, además, de algunos movimientos clave de la economía uruguaya, como el flujo de turistas. Por más que busque otras opciones, Uruguay, guste o no, tiene su futuro irremediablemente atado al de sus vecinos. Los defensores del Mercosur sostienen, por lo tanto, que la estrategia debería consistir en fortalecer y mejorar el bloque, no en debilitarlo.
7 ¿Tiene futuro la izquierda uruguaya?
Tras mucho dudar, Vázquez descartó la posibilidad de buscar una reforma constitucional para habilitar su reelección en el 2009. Si estuviera habilitado, su triunfo se da por seguro, pero con el líder máximo fuera de carrera el panorama es menos claro: el candidato más popular en las filas del Frente Amplio, José Mujica, genera resistencia en importantes sectores de la sociedad, un poco por su estilo desenfadado, que contrasta con el atildado y circunspecto Tabaré, pero también por su pasado guerrillero (que de todos modos no le ha impedido garantizar con su apoyo la moderación del gobierno). Al superministro Astori le ocurre exactamente lo contrario: tiene una alta intención de voto, pero despierta fuertes rechazos internos. En este juego complicado, todos esperan una definición de Tabaré, cuyo dedo mágico aún no ha señalado a su favorito. Un gobierno de Astori implicaría una clara continuidad económica y, quizás, un viraje parcial en política internacional hacia un mayor acercamiento con Estados Unidos. La perspectiva de Mujica es incierta y ni él mismo parece muy convencido de una eventual candidatura. Otros posibles postulantes, como el vicepresidente Rodolfo Nin Novoa, parecen por el momento un poco débiles para enfrentar a una oposición probablemente unificada. En cualquier caso, lo que es seguro es que ninguno intentará un cambio radical, ni a la izquierda ni a la derecha, en un país acostumbrado desde siempre a avanzar como si caminara debajo del agua.
VENEZUELA: LA DICTADURA DEL SUBPROLETARIADO, por Manuel Castells
Venezuela, la dictadura del subproletariado
por Manuel Castells, sociólogo
LA VANGUARDIA, 25.08.07
La reciente propuesta de reforma constitucional de Hugo Chávez para aumentar el tiempo del mandato presidencial y hacer posible la reelección de forma indefinida no supone, en sí misma, un acto antidemocrático. De hecho, en las democracias parlamentarias europeas donde el primer ministro es el detentor del poder no existen límites al tiempo que una misma persona puede continuar ocupando dicho cargo, como bien saben Margaret Thatcher, Tony Blair o Felipe González.
Mientras la decisión corresponda a los electores y la elección sea libre y limpia, no hay razón para que la temporalidad del ejercicio del poder no pueda variar según las necesidades de cada país. Otra cosa es que muchos opinemos que es sano que haya una renovación prudente del personal político, tanto en el ejecutivo como en el legislativo. Pero el principio en sí no es objetable. Lo que ocurre es que esa decisión se sitúa en un contexto en el que el presidente Chávez no oculta su deseo de asegurarse el poder en Venezuela durante el tiempo que él considere necesario para profundizar la transformación revolucionaria del país. Por eso en el paquete de reformas se incluye la centralización de las instituciones autonómicas, agrupando los actuales estados en distritos federales bajo su control, y la drástica reducción de la autonomía municipal en favor de la creación de 25.000 consejos comunales que, junto con las cooperativas de trabajadores, constituyen los órganos del nuevo poder popular en gestación.
De esta forma, los últimos vestigios de poder de la oposición quedarían eliminados, puesto que ni siquiera está presente en el Parlamento por su boicot a las últimas elecciones ante la previsión de la abrumadora victoria de los chavistas en las urnas. Pero la concentración de poder en manos del presidente va aún más lejos. Chávez, según me dicen quienes le conocen personalmente, tiene una gran inteligencia política y sabe lo que quiere. Y lo dice y lo hace. Por tanto, entendió que la política, en último término, se decide en las mentes de la gente y que en esto son claves los medios de comunicación, que en su inmensa mayoría le eran hostiles. Por eso retiró la licencia de Radio Caracas Televisión, la más popular cadena venezolana, suscitando fuertes protestas populares incluso en sectores afines, porque tocar a la principal emisora de telenovelas es afectar el imaginario cotidiano de la gente. De ahí la virulencia de las críticas a este acto autoritario, tanto en Venezuela como en el mundo, y los intentos de resistencia mediática que se han ido produciendo: emisión de informativos de RCTV por YouTube, boicot masivo a la cadena gubernamental que ocupó la frecuencia, emisión de programas de RCTV por satélite y una oleada de artículos y reportajes negativos en los medios de todo el mundo.
Sin embargo, la flexibilidad táctica de Chávez le condujo también hace tiempo a un pacto de no agresión con Gabriel Cisneros, el principal hombre de negocios de los medios venezolanos y una de las personalidades decisivas en el mundo de la comunicación en América Latina, por lo que la situación de los medios en Venezuela incluye amplias zonas grises en donde se atenúa la crítica al régimen sin caer en la propaganda servil. Es decir que conforme avanza la revolución bolivariana se transforman las instituciones políticas alejándose de lo que normalmente llamamos democracia. Como me decía hace poco un preclaro dirigente socialista latinoamericano, “Chávez tal vez sea socialista, pero lo que es seguro es que no es un demócrata”.
No creo que el propio Chávez se sintiera ofendido por dicha apreciación, en la que coinciden muchos intelectuales que le apoyaron en un principio, como su ex ministro y viejo militante comunista Teodoro Petkoff. Porque la respuesta es tan obvia como clásica en la historia revolucionaria: la democracia formal no es la verdadera democracia, es una farsa de los políticos corruptos y de los medios de comunicación capitalistas puesta en solfa por imperialismos de diversos orígenes. ¿Y saben qué? Hoy por hoy la mayoría de venezolanos, en torno a un 60%, parecen coincidir en el diagnóstico. Y también sabemos que en el conjunto de América Latina los datos del Latinobarómetro muestran que aunque la gran mayoría de ciudadanos rechaza las dictaduras, más de la mitad anteponen la mejora de sus condiciones de vida al mantenimiento de la democracia tal como ellos la perciben.
Venezuela es un caso especial en ese sentido porque su clase política, tanto los socialdemócratas como los socialcristianos, se distinguía por ser una de las más corruptas y falta de principios de América Latina, con el socialista Carlos Andrés Pérez como ejemplo paradigmático. Así se explica como un país tan rico como Venezuela llegara a tener un 70% de la población en la pobreza. Y también se explica por qué Chávez ha ganado cinco elecciones y dos referendos por mayoría absoluta. Por escribir esta obviedad desde hace tiempo he ido perdiendo a mis amigos intelectuales de izquierda en Venezuela. Entiendo su enfado, porque una cosa es el análisis y otra es vivir en condiciones de protodictadura que va poco a poco ahogando el ejercicio real de las libertades.
Pero cualquiera que sea la posición de cada uno, es necesario tener claro que no se trata de la dictadura de Chávez, sino de la dictadura del subproletariado venezolano, de los millones y millones de pobres y marginados, que encontraron un salvador que les proporciona educación (aun con adoctrinamiento), salud gratuita, trabajo aún poco productivo, subsidios para sus necesidades básicas y una legitimación, aunque sea paternalista, de sus reivindicaciones. Y quienes denuncian el papel de los maestros y médicos cubanos en las mejoras de los servicios venezolanos, olvidan que la educación y la salud cubanas son consideradas por investigadores imparciales entre las mejores de América Latina.
Es cierto que Chávez ha tenido la suerte de contar con el inestimable apoyo de la política belicista de Bush que ha conllevado la subida de los precios del petróleo, por lo que Venezuela ha crecido en estos años por encima del 10% anual y se ha encontrado con el maná de rentas petroleras. También es cierto que el fracaso del intento de golpe del 2002 (cuya inepcia hace verosímil la hipótesis de que fuese planeado por Bush y Aznar) le permitió movilizar el nacionalismo de las fuerzas armadas contra la intervención extranjera. Es más, su apoyo a los movimientos políticos que han liquidado el neoliberalismo en toda América del Sur (con excepción de Colombia) le ha granjeado amplias simpatías entre los sectores populares y le han permitido alianzas estratégicas con Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, en menor medida, con Uruguay, además del sonado hermanamiento con Cuba. Su inteligente utilización del petróleo como instrumento político ha reforzado su influencia en países que lo reciben a precios subsidiados.
Pero también le ha permitido limitar los intentos desestabilizadores de Estados Unidos porque Venezuela sigue siendo el quinto suministrador de petróleo para dicho país y Estados Unidos no puede arriesgarse a una crisis de suministro en la situación actual en Oriente Medio. Y ha asegurado una alianza táctica con Argentina, Uruguay y Brasil que podría llevar a un relanzamiento de Mercosur ampliado a Venezuela. Incluso México, tras el violento enfrentamiento diplomático del pasado año, está intentando llegar a una entente con Chávez tanto para mantener un acuerdo en política petrolera como para evitar que el contagio bolivariano llegue a México. Chávez se ha convertido en un personaje central en la política latinoamericana, con una influencia creciente en el ámbito mundial, véase Irán. Por eso se atreve ahora a abordar directamente la construcción del socialismo en Venezuela.
La historia enseña, en Cuba por ejemplo, que es contradictorio con la democracia. Y que los órganos de poder popular, como ya le dijo Rosa Luxemburgo a Lenin en su momento, no son sino formas de legitimación de la dictadura del partido en nombre del proletariado, ahora convertido en sub por las políticas neoliberales de las dos últimas décadas. Pero quienes quieran superar el populismo de Chávez tendrán que buscar a sus enemigos no en los despachos de Washington o en las salas de prensa, sino en aquellas elites políticas latinoamericanas que han venido medrando con la pobreza de sus pueblos. Porque sólo cuando los pobres, mayoría en Venezuela y en América Latina, sientan que puede haber otra democracia distinta de la que conocen estarán dispuestos a defenderla.
http://www.iceta.org/mc250807.pdf
Los límites de la derecha neoliberal, A.Borón
Una derecha intelectualmente agotada
Notas sobre el Encuentro de la FAES en Rosario
Atilio Borón, ex Director de CLACSO
El aquelarre que tuvo lugar días pasados en Rosario, y del cual Rebelión diera cuenta a través de un artículo de Miguel Bonasso, congregó a las figuras estelares del pensamiento y la praxis de la derecha de las Américas. En realidad, fue una escala más de esta especie de circo itinerante de la época de las cavernas que circula por diversos países de América Latina pregonando el evangelio neoliberal del imperio y que tuvo su bautismo de fuego en Madrid, el 4 de Julio del 2007, en el denominado “IV Foro Atlántico: Un Encuentro por la Democracia y la Libertad en Europa y América.” Los mismos personajes, los mismos auspiciantes, la misma retórica, la misma chatura trajinan por toda la región. Conforman su elenco intelectual el inefable Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro, Jorge Castañeda, Carlos Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza, Enrique Krauze, Marcos Aguinis, Jorge Edwards, Arturo Fontaine y una plétora de “bienpensantes menores”, como diría el siempre lúcido Alfonso Sastre. En cuanto a la política el listado comienza por José M. Aznar y llega hasta Vicente Fox, pasando por Jorge “Tuto” Quiroga, expresidente de Bolivia, Francisco Flores, ex de El Salvador, Osvaldo Hurtado, de Ecuador y Luis A. Lacalle del Uruguay, todos ellos merecedores de más que gratos recuerdos en sus respectivos países por su patriótica contribución al bienestar general de la población, sobre todo de los más humildes. De los Estados Unidos vino Roger Noriega, siniestro personaje ligado a la mafia cubano-americana y durante un tiempo el “hombre fuerte” encargado de los asuntos hemisféricos del imperio bajo la presidencia de George W. Bush.
El maestro de ceremonias de este encuentro fue Aznar, en su condición de presidente de la FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), un “tanque de pensamiento” orgánicamente ligado al Partido Popular. Otros, como la Heritage Foundation, el Cato Institute y la Atlas Economic Research Institute, que agrupan a la derecha más recalcitrante de los Estados Unidos, también auspiciaron el evento y enviaron a sus más insignes representantes. En un trabajo anterior, también publicado en esta página, – ver Marcos Roitman, “Aznar y la FAES en América Latina”, del 20 de Febrero de 2008- se describe y analiza con gran claridad la naturaleza de este proyecto conservador. Ante ello apenas nos resta agregar que el solo listado de estos nombres de personas e instituciones evoca un extraordinario film italiano de mediados de los setentas, dirigido por Francesco Rosi: Cadáveres excelentes, en donde se revelaban las íntimas vinculaciones entre la dirigencia política, las clases dominantes y la mafia en la Italia de su tiempo. La analogía no podría haber sido más precisa para referirse a los espectrales asistentes a este encuentro, convocados bajo el lema “Los desafíos de América Latina”.
¿Qué se buscaba con este cónclave? Tres objetivos. Comencemos por el más coyuntural: eclipsar con sus destellos las grandes jornadas que se preparan para mediados de Junio en conmemoración del octogésimo aniversario del nacimiento del Che Guevara, precisamente en Rosario. Como era de esperar si algo no tuvo el encuentro de la FAES fue brillo deslumbrante. Los organizadores de las jornadas de Junio pueden dormir tranquilos.
Segundo objetivo, de fondo: relanzar a escala continental una fuerza conservadora capaz de poner coto a los avances de la izquierda y, simultáneamente, tercer objetivo, coordinar y potenciar la escalada de agresiones en contra de Hugo Chávez y Evo Morales. Esto debería madurar en la creación de una nueva internacional de la derecha, habida cuenta que la demócrata cristiana no ha dado mayores señales de vida y, además, no tiene la dureza e intransigencia que estos tiempos requieren. Es preciso redoblar la presión para evitar que se reproduzcan en América Latina situaciones como las que, en fechas recientes, terminaron instalando a gentes como Chávez, Morales y, más recientemente, Correa en los gobiernos de la región. Otros países, como Argentina, Brasil, Chile, Perú, República Dominicana y Uruguay estuvieron a punto de seguir el mismo nefasto camino. Si no lo hicieron, al menos hasta ahora, es porque tal como lo señalaron algunos de los intelectuales reunidos en Rosario el mandato claramente contrario al neoliberalismo de un electorado seducido por el canto de sirena del populismo fue desoído por los nuevos gobernantes que, en un súbito e inesperado ataque de racionalidad, abandonaron sus arcaicas consignas “populistas” y “estatistas” y se reconciliaron con el libre mercado, la inversión extranjera y el liderazgo norteamericano manteniendo o profundizando las políticas del Consenso de Washington instaladas por sus predecesores. En una palabra: estafaron a la voluntad popular, cosa que de ninguna manera fue cuestionado como una muestra de la baja “calidad institucional” de esas sedicentes democracias. El problema de la “calidad institucional” está en Caracas, La Paz o Quito, donde demagogos irresponsables cumplen con sus promesas electorales. El único caso aún dudoso es el de la Argentina, pero como lo han escrito y más recientemente lo expresaron en Rosario varios de los participantes, la “atracción fatal” del populismo en ese país es demasiado grande y tarde o temprano terminará uniendo fuerzas junto a Venezuela, Bolivia y Ecuador.
El tercer objetivo, como se dijo, era redoblar los ataques a Chávez y el así llamado populismo. En este sentido las entrevistas concedidas a la prensa por los más prominentes participantes: Vargas Llosa, Castañeda, Aznar y Noriega demuestran lo avanzado de su menopausia intelectual. Produce profunda tristeza leer de los dos primeros las reiteradas calumnias y embustes dirigidos en contra de Chávez (y en menor medida de Morales) y su histérica denuncia del populismo como la mayor amenaza que se cierne sobre las democracias latinoamericanas. Hombres que en el pasado escribieron sugerentes novelas o sesudos ensayos; en una palabra, gentes que pensaban, se limitan ahora a ser los insulsos voceros del discurso oficial de la Casa Blanca sobre el virus populista, dicho sin el brillo ni la vistosidad de los papagayos con los cuales a veces equivocada e injustamente se los compara. Es más, dicho sin la enjundia que brota de la convicción profunda de lo que se está diciendo. Son funcionarios, los recompensan generosamente para que digan eso, lo dicen, pero ni siquiera ellos creen en lo que están diciendo. En resumen: una farsa. Vargas Llosa repitiendo el discurso de Bush: “el populismo es el peligro más inmediato que enfrentamos para alcanzar la modernidad”, de donde se infiere que, entre nosotros, el populismo tiene más de dos siglos de lozana y vigorosa presencia, un verdadero milagro sociológico que merecería una novela tan extensa como Conversación en la Catedral o La guerra del fin del mundo para desentrañar la esencia de este portento metafísico que desde comienzos del siglo diecinueve frustra nuestra incesante pugna por llegar a la modernidad. Otro ejemplo, esta vez grotesco: Castañeda lamentándose de que el actual presidente mexicano, Felipe Calderón, persista en cultivar un anacrónico “anti-norteamericanismo”, de lo cual se puede inferir que nadie debería sorprenderse si de un día para otro México decide sumarse al eje del mal que une La Habana, Caracas, La Paz y Quito. Sorprende que esta gente no tenga un poco más de respeto por su propio pasado intelectual y por su obra escrita.
De las intervenciones de Aznar y Noriega mejor ni hablar: simplemente son gentes a las cuales les cuesta coordinar un par de ideas, por elementales que sean. Su universo intelectual es sumamente estrecho; más que un universo en realidad se trata de una minúscula aldea en donde circulan tres o cuatro clichés made in USA y nada más. Según el ex presidente del gobierno español el dilema de América Latina es “populismo revolucionario en su vertiente más alocada o democracia liberal.” En sus intervenciones no se notó el menor atisbo de un intento de análisis. Dada la excelsa calidad de estas intervenciones se entiende que el evento haya pasado casi desapercibido en Rosario y que la misma prensa de la derecha se hubiera visto en figurillas al reportar tan primitivo cónclave. Si no lo fue se debió al enorme operativo policial que hubo que montar para proteger a estos zombies del “afecto popular” y de la ardiente indignación de los estudiantes rosarinos, que repudiaron de múltiples formas su presencia en la ciudad.
Entre las luminarias del intelecto que procuraron iluminar todo Rosario sobresalen los nombres de los tres autores de El regreso del idiota (publicado al año pasado en la Argentina), nueva contribución del trío que, hace once años, perpetrara el célebre Manual del perfecto idiota latinoamericano: un catálogo de trivialidades, mentiras y falacias sobre las causas del subdesarrollo en nuestros países y que según el incisivo análisis de estos autores obedece a la enfermiza afición de los latinoamericanos al estatismo y al caudillismo. Sus autores, Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa plasmaron un engendro, prologado por Mario Vargas Llosa, que demuestra irrefutablemente que la derecha ya no produce ideas sino que simplemente acumula ocurrencias, el grado más elemental y primario de la intelección. En línea con su antecesor, el nuevo libro es un destilado de prejuicios, estereotipos y lugares comunes urdidos por mentes exhaustas y estériles. Sería una empresa condenada al fracaso tratar de hallar en sus páginas un sofisticado argumento teórico en defensa del neoliberalismo al estilo de los que plasmaran Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises o un Karl Popper. Lo que hay, en cambio, es un amontonamiento de ocurrencias sólo aptas para alimentar los espíritus más retrógrados y recalcitrantes y un profundo desprecio hacia lo que en el ámbito científico se conoce como la “evidencia”, es decir, el respaldo que los datos de la experiencia le confieren a un argumento teórico.
La tesis central del libro reproduce la vulgata neoliberal según la cual el camino al desarrollo pasa por la libertad de los mercados y las políticas de libre cambio. A lo largo de sus páginas el desprecio por los más elementales datos de la historia económica de los capitalismos industrializados es alucinante. ¿Por qué ? Hay dos hipótesis. Una, la más benévola, diría que esto se debe a la ofuscación que provoca su adhesión a las supersticiones del neoliberalismo y que los induce a desconocer que los países desarrollados llegaron a esa condición siguiendo políticas que nada, absolutamente nada, tuvieron que ver con el libre comercio. Gran Bretaña fue ultra-proteccionista y su estado fuertemente intervencionista hasta que su indisputada primacía en el mercado mundial, al promediar el siglo diecinueve, la hizo comenzar a predicar el librecambio para las demás naciones, conciente de sería ella la única llamada a beneficiarse con la naciente división internacional del trabajo. Eduardo Galeano captó muy bien la trampa de esta ideología al decir que en esa división internacional “unos se especializan en ganar y otros en perder.” Ya se sabe de qué lado quedaron nuestros pueblos.
No fue muy diferente la historia del desarrollo económico de los Estados Unidos. Uno de los “padres fundadores” de la nación norteamericana, su primer Secretario del Tesoro y redactor de los influyentes Papeles del Federalista fue Alexander Hamilton. Este no sólo consolidó las deudas internas y externas originadas por la Guerra de la Independencia sino que, desoyendo con dos siglos de anticipación las imbecilidades de los idiotas pluscuamperfectos que hoy predican el evangelio neoliberal, promovió la creación de un banco central y apelando a subsidios y aranceles proteccionistas impulsó el desarrollo industrial de su país. Subsidios y aranceles proteccionistas cuya vigencia se extiende hasta el día de hoy, tanto en los Estados Unidos como en Europa, mal que les pese a los autores del panfleto y a quienes aconsejan a nuestros gobernantes abandonar esas políticas y entregarse sin recato a las delicias de los mercados. Como dijera John Williamson al acuñar la expresión que luego se haría célebre: “Consenso de Washington”, hay que tener en cuenta que Washington no siempre practica lo que predica. El neoliberalismo es el discurso concebido para consumo de la periferia, para perpetuar su situación de dependencia neocolonial. En el capitalismo desarrollado, en cambio, ese discurso es una paparruchada sin ninguna credibilidad y al que ningún gobierno le presta la menor atención. La prueba más reciente, de una contundencia aplastante, fue la forma en que los bancos centrales de Europa, Estados Unidos y Japón se movilizaron para hacer frente, de modo coordinado, a la crisis detonada por las hipotecas sub prime en los Estados Unidos. Si estos cínicos gobiernos hubieran sido coherentes con los discursos que pronuncian para los demás hubieran dejado que los mercados se encargaran de la crisis, produciendo la bancarrota de los especuladores y los bancos y concentrando el capital en manos de los más listos. En otras palabras, tendrían que haber honrado el primer mandamiento del catecismo neoliberal que exige que el estado no se inmiscuya en asuntos que no le conciernen y que los mercados resuelven mejor. Este fue su consejo cuando crisis similares sacudieron, por ejemplo, a la Argentina en el 2001-2002. Pero ahora hicieron exactamente lo contrario a lo que en su momento aconsejaran para este país.
Pero, ¿puede el fanatismo llegar tan lejos como para desconocer lo que un simple aficionado a la historia económica sabe de memoria? No, y por eso hay una segunda hipótesis mucho menos benévola para con el trío que concurriera al encuentro de Rosario. Estos autores, así como los demás que participan del evento, son parte del enorme ejército de intelectuales orgánicos del imperio cuya estratégica misión es construir e inculcar en nuestras sociedades una versión falsa de la historia y la realidad actual. En otras palabras, fabricar el clima ideológico requerido para favorecer la emergencia de fuerzas políticas conservadoras aptas para capturar el apoyo de una ciudadanía meticulosamente desinformada por los medios de comunicación que controla el gran capital y preservar la hegemonía de los intereses del imperialismo y sus clases aliadas en la periferia, hegemonía que se ha visto considerablemente reforzada por el auge de las políticas neoliberales. Agotada, por ahora, la vía del golpe militar la derecha se lanzó hace décadas y con bastante éxito a la conquista de las conciencias. Sus intelectuales no son tan ignorantes como parecen sino que hacen su trabajo: engañar al común de las gentes tergiversando la información, diseminando verdades a medias que ocultan sus mentiras y amordazando con guante blanco (mientras no sea necesario un recurso más contundente) al pensamiento crítico. A cambio de esta noble labor reciben espléndidas recompensas en dinero, influencia, prestigio y todo el reconocimiento “oficial” que les otorga el aparato mass-mediático del capital y que convierte a sus gastadas voces en la fuente de toda sabiduría y sensatez.
Afortunadamente, en un gesto que lo enaltece el Concejo Deliberante de la Ciudad de Rosario decidió declarar personas non gratas a algunos de los participantes del encuentro. Distinguió con esa declaración a Roger Noriega, al ex -presidente salvadoreño Francisco Flores y a Carlos Alberto Montaner, quien junto con Marc Wachtenheim, Director del “Programa Cuba” de la Pan American Development Foundation -una organización pantalla de la CIA basada en Washington y en cuyo sitio web se declara “orgullosamente afiliada a la Organización de Estados Americanos”- entretuvo a la audiencia con sus delirios sobre la futura transición de Cuba. Lo de Montaner fue un bochorno, demostrando la exactitud de un comentario que Alejo Carpentier puso en boca de alguno de sus protagonistas al decir que en ciertas personas los años cometen un ultraje irreparable. En el caso de Montaner la forma que asumió este ultraje es la estúpida comicidad que impregna todo lo que dice, aún cuando pretenda hablar muy seriamente. Un ejemplo: al referirse a la coyuntura cubana actual dijo que “Castro se va a morir de una puñetera vez y espero que sea muy pronto. Viene amenazando todos los días… ¡pero nunca se muere!” Ese fue el nivel de su “análisis”: un vómito anticastrista de este santo varón que huyó de la “tiranía castrista” para buscar refugio en la libertad y la democracia que imperaban en la España de Franco. Con razón la derecha está tan preocupada con la “batalla de ideas” que propuso Fidel. Es que con intelectuales como los que fueron a Rosario el imperio no tiene otra salvación que sus armas.
Giro a la izquierda en A. Latina.
Página/12
El giro a la izquierda es la gran novedad de la política latinoamericana de los últimos años. Hoy el 60 por ciento de la población de la región vive en países gobernados por líderes de izquierda y el 65 por ciento del PBI es controlado por gobiernos autoidentificados con la izquierda. Si se acota el universo a Sudamérica, la evidencia es aún más abrumadora: el 80 por ciento de la población, el 90 por ciento del producto y el 81 por ciento de la superficie se encuentran en poder de la izquierda.
Este fenómeno se explica por el agotamiento del modelo neoliberal, que generó un crecimiento económico mediocre y una profundización de la brecha social, y por el fin de la Guerra Fría, que permitió el ascenso de partidos y líderes que en el pasado hubieran sido bloqueados por Estados Unidos. Pero se trata también de una nueva izquierda. Más pragmática y flexible, fluctúa entre la socialdemocracia y el populismo; acepta, aunque a veces a sin mucho entusiasmo, las reglas del juego democrático y despliega estrategias económicas que van del neoliberalismo corregido a un estatalismo de nuevo cuño.
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